¿Y tú, quién eres?

Un artículo de Chinchilla y Moragas explicaba por qué actuamos como lo hacemos. La persona actúa y decide, en el trabajo, la familia u otro ámbito, por algún motivo predominante.

Por Mariela García de Corcuera
Vicerrectora académica
Universidad de Piura

Un artículo de Chinchilla y Moragas explicaba por qué actuamos como lo hacemos, partiendo de la trilogía de los motivos (extrínsecos, intrínsecos y trascendentes) de la acción humana, desarrollados por Pérez López. La persona actúa y decide, en el trabajo, la familia u otro ámbito, por algún motivo predominante (no único).

Frecuentemente, se vincula la acción humana con las relaciones familiares, amicales o sociales, donde hay más motivaciones trascendentes. Por ejemplo, en la familia amamos y hacemos muchas cosas, sin pedir nada a cambio; el binomio madre-hijo da sobrados ejemplos al respecto. Ahí, las palabras desprendimiento y generosidad pueden conjugarse en claves de amistad y de cariño; pero, sería deshumanizar a la persona, pensar que fuera de ese ámbito solo actúa por motivos extrínsecos e intrínsecos.

En el trabajo, la acción humana suele percibirse solo como relaciones de intercambio; la largueza y la grandeza parecen menos frecuentes; por ello, los directivos realizan denodados esfuerzos para que sus colaboradores se identifiquen con los objetivos de la organización, suponiendo que muchas actuaciones frecuentes en el ámbito familiar, serían inexplicables en aquella. Quizá olvidan que las empresas están compuestas por personas capaces de sostener arraigados vínculos, que actúan por tres motivaciones. Por tanto, con libertad y racionalidad se reservan actuaciones de una gran categoría humana, con predominio de motivos trascendentes.

Con ese reconocimiento, surge un gran campo de crecimiento y desarrollo de la persona y la organización. La cooperación e identificación con la misión es tan posible como la búsqueda del propio aprendizaje (motivación intrínseca) y el natural anhelo de reconocimiento y retribución económica digna (motivación extrínseca). Un ejercicio de autorreconocimiento, daría resultados sorprendentes y altamente motivadores. Gran parte de nuestras acciones y decisiones solo se explicarían por motivos trascendentes, que no siempre son espontáneos y pueden requerir de un esfuerzo serio.

En cualquier institución donde una persona trabaja, aunque sea porque espera satisfacer las necesidades de alguien, a través de sus servicios o productos, demuestra una cierta actuación basada en motivos trascendentes; más aún, quienes enaltecen su trabajo, impulsando proyectos, como la UDEP, con objetivos tan amables como exigentes.

La responsabilidad de reflexionar acerca de nuestras acciones, y su repercusión positiva o negativa en los demás, puede conducirnos a una vida más lograda y feliz. Nuestra actuación nos define; Houssaye lo expresaba poéticamente: “Dime qué amas y te diré quién eres”. ¿Y tú quién eres?