El hogar como refugio de vida digna

Visto desde una perspectiva social, en la que nos enfrentamos a una ciudad cuya decadencia nos carcome, el hogar se reafirma como una magnífica oportunidad para revelarnos contra lo indigno.

Hogar como refugio 1

Hace poco tuve que hacer una gestión en una dependencia municipal y encontré un panorama desolador. La trabajadora que me atendió, me recibió sin zapatos e ingiriendo una fritanga sobre su escritorio. A pesar de su amabilidad, el desorden de su oficina no pasó inadvertido; pero lo peor sucedió cuando pude percibir el hediondo olor que llegaba del baño, a pocos metros de su despacho. Mis impresiones reafirman aquello que le expresé personalmente al Alcalde de Piura en un encuentro fortuito: Señor alcalde, los piuranos nos estamos acostumbrados a un nivel de vida indigno y eso no es justo.

Los efectos del Niño Costero han desnudado del todo las flaquezas de nuestra ciudad. Los ineficientes servicios de limpieza pública y tratamiento de residuos sólidos además de poner en riesgo nuestra salud, nos interpelan acerca de lo que entendemos sobre calidad de vida y dónde encontrarla. Es evidente que no la hallaremos en las calles, ni en el mercado, ni en las oficinas del gobierno, a pesar de los esfuerzos asociativos que muchos ciudadanos despliegan; y me arriesgo a afirmar que tal vez (es mi hipótesis) el hogar sea la última y más privilegiada trinchera para esforzarnos por lo que merecemos: un espacio digno para crecer, relacionarnos y desarrollarnos.

El hogar, ese espacio físico donde desplegamos las relaciones familiares, merece un cuidado material esmerado para facilitar una vida familiar armoniosa y el cultivo de virtudes. Las labores domésticas no son un trabajo menor, aunque no sean remuneradas o no reciban el reconocimiento socioeconómico de los logros profesionales. La encuesta Global Home Index 2017 aplicada por el ICF en Perú, y con más de 400 respuestas válidas, pone en evidencia que el hogar importa, y que los adultos (varones y mujeres) dedican una considerable cantidad de horas semanales (entre 13 y 23) a atender los asuntos domésticos.

El 78% de los encuestados afirma que para ellos es “importante ocuparse de las tareas del hogar” y una abrumadora mayoría (90%) está de acuerdo con que “participar de las tareas domésticas desarrolla competencias para otras áreas de la vida”. Respecto al involucramiento en las diversas tareas doméstica, se observa una significativa brecha de género entre varones y mujeres, aún en el caso de que ambos tengan un trabajo remunerado; lo que revela en parte las agudas taras culturales que existen respecto a la capacidad de servicio y colaboración entre hombres y mujeres.

Otro tema por mejorar es la distribución de los encargos domésticos entre los miembros de familia, de acuerdo con su edad y capacidad; pues solo un poco más de la mitad de los participantes de la encuesta GHI afirmó tener la costumbre de distribuirlas. Saber dosificar la carga doméstica en una familia, ayuda a forjar un sentido de solidaridad y corresponsabilidad por el cuidado del espacio común y desarrolla habilidades imprescindibles para la vida práctica.

Visto desde una perspectiva social, en la que nos enfrentamos a una ciudad cuya decadencia nos carcome, el hogar se reafirma como una magnífica oportunidad para revelarnos contra lo indigno. Podemos y debemos transmitir nuestros valores a nuestros hijos a través del mundo doméstico. Almorzar sobre una mesa sucia o una mesa bien puesta no son equivalentes, un armario caótico podría reflejar un desorden interior, y la distancia entre un plato limpio y uno mal lavado puede costarnos la salud. Pequeñas pero grandes diferencias que debemos aprender a apreciar con los sentidos y a obrar como una propia conquista personal, y que posteriormente, causarán un impacto en el espacio público y la vida social.

Instituto de Ciencias para la Familia (ICF) de la Universidad de Piura.