UDEP vivió la Fiesta de San Josemaría

Arzobispo de Piura: “Urge testimoniar que la fe y la razón no se contradicen”

Un llamado a testimoniar nuestra fe y hacer todo el apostolado posible, comprendiendo que es parte de esa santificación que buscamos en la vida cotidiana y ordinaria, formuló el Arzobispo metropolitano de Piura.

En la misa del 26 de junio (7:00 p. m.), por la festividad de San Josemaría Escrivá, fundador y primer Gran Canciller de la Universidad de Piura, celebrada en la Ermita de Campus Piura de la UDEP, Mons. José Antonio Eguren Anselmi, recordó que San Josemaría “fue elegido por el Señor para anunciar la llamada universal a la santidad, que es una exigencia del bautismo y vocación de todo hijo de la Iglesia, sin distinción”.

Señaló que de una manera profética y adelantándose a lo que el Concilio Vaticano II enseñaría poco después, San Josemaría exhortaba: “Tienen obligación de santificarse, todos sin excepción”.  Precisó que solo un santo, es capaz de revolucionar la realidad de su tiempo, su cultura e historia y aportar algo significativo para el cambio. Veintiún  siglos de historia de la Iglesia así lo atestiguan. Por eso, la fiesta de San Josemaría es una ocasión para tomar conciencia renovada de nuestra vocación a la santidad, cada cual en su propio estado de vida y en su propio llamado”.

“Yo como Obispo, los sacerdotes como tales, los consagrados y consagradas en su estado de vida de total entrega al Señor y a la Iglesia, los matrimonios, los laicos, todos por nuestro bautismo y confirmación, estamos llamados a la santidad. La santidad no es una prerrogativa de algunos en la Iglesia, es el llamado común y la vocación común de todos”.

Hay que evitar la esquizofrenia espiritual
El Arzobispo de Piura indicó que hay dos consecuencias importantes de esta forma de san Josemaría de entender la santidad en la vida diaria: la unidad de vida y la santificación  del trabajo, dos enseñanzas que no han perdido vigencia e importancia. Con esto, nos advierte de un gran peligro que suele acecharnos: llevar una doble vida, lo que algunos autores espirituales contemporáneos llaman esquizofrenia espiritual al llevar, por un lado, la vida interior o de relación con Dios, y por el otro, la vida familiar, profesional y social.

“Este peligro sabiamente advertido por San Josemaría, sigue presente en nuestros días. El contexto cultural en el que vivimos tiende a privilegiar el activismo, el intimismo, la eficacia organizativa, la exclusión de la fe en la esfera pública”. Por eso, conviene tener presente lo que enseñaba tan acertadamente cuando señala en su libro Conversaciones “Hay una única vida hecha de carne y de espíritu, y esa es la que tiene que ser en el alma y en el cuerpo santa llena de Dios”.

Agregó que junto a esta unidad de vida, y como consecuencia de ella, está la santificación del trabajo. Así, el trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar cristianamente las realidades temporales, a manifestar su dimensión divina y es asumido e integrado en la prodigiosa obra de la creación y redención del mundo. Se eleva así el trabajo al orden de la Gracia, se santifica, se convierte en obra de Dios, Opus Dei, el nombre que le dio a su familia espiritual.

Mons. Eguren también formuló un llamado a los laicos, para elevar la cruz de Cristo sobre toda realidad humana, haciendo un apostolado, como parte integrante de la vocación a la santidad. En estos tiempos, dijo, necesitamos con urgencia, mostrar y testimoniar un poco más nuestra fe. A veces estamos demasiados pasivos y callados, cediendo muchísimos espacios e iniciativas a otros.

Ante las características actuales del mundo universitario actual, marcado por el relativismo moral, ético y por el agnosticismo funcional, el Arzobispo señaló que urge, más aún en esta casa de estudios, testimoniar que la fe y la razón no se contradicen, sino que son dos realidades que se necesitan y hasta se complementan, subrayó.

“Somos un instrumento de Dios”
En la mañana del mismo día, el P. Juan Armas, capellán de Campus Lima, dijo durante la homilía: “San Josemaría tenía la conciencia clarísima de que el Opus Dei, esa institución de la Iglesia que Dios quería suscitar en la tierra, no era idea suya. Al contrario, él se decía instrumento inepto e inútil, y esa humildad es la que el Señor premia”, señaló.

Agregó que la UDEP es  también obra de Dios y que todos somos sus instrumentos, por tanto, “no importa si hay escasez de medios o limitaciones personales: si soy instrumento de Dios, el cielo es el límite. Tal como decía san Josemaría: ‘Soñad y os quedaréis cortos’. Los sueños no son de ustedes, los sueños son de Dios; y, para hacer esta Universidad, se necesita gente que se sepa instrumento de Dios. Entonces, todo se puede”, puntualizó.

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