El sepelio será mañana, martes 4, en Piura

Falleció el padre César Camacho, también gestor de los inicios de la UDEP

Uno de los sacerdotes más emblemáticos de la región Piura, iniciador de las pastorales juveniles y uno de los piuranos ilustres que ayudaron a gestionar el nacimiento de la UDEP, falleció ayer.

Foto cortesía de diario Correo.

A los 81 años de edad, el padre César Camacho Palacios falleció el domingo 2 de diciembre, justo cuando cumplía sus 55 años de vida sacerdotal. El sepelio será mañana, martes 4 de diciembre, en el cementerio Metropolitano de Piura. El cortejo partirá de la Iglesia Nuestra Señora Guadalupe, donde será celebrada la Misa a las 12:30 p. m., por el descanso del alma del querido sacerdote.

El P. Camacho, como recoge el profesor Rolando Córdova Garcés: “Tuvo participación directa en la creación de la Universidad de Piura, UDEP, siendo Canciller de monseñor Erasmo Hinojosa Hurtado, quien le encomienda esta tarea. Participó también, por el Opus Dei, el padre Vicente Pazos, en representación del entonces Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, primer Gran Canciller de la Universidad de Piura”.

Habiendo sido ordenado sacerdote el 2 de diciembre de 1963, fue testigo de excepción de las gestiones realizadas por monseñor Hinojosa no solo en el Perú sino también en el extranjero, para conseguir que se creara una Universidad para Piura, hasta que, en 1965, el Fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá acogió e hizo suyo este anhelo.

El sacerdote de las juventudes
El padre Camacho fue uno de los principales colaboradores para la creación del Centro de Reposo para Enfermos Mentales de Piura y Tumbes (Crempt), y se puso al servicio de cada una de las parroquias que le fueron encomendadas: San Miguel Arcángel (Catedral), Sagrado Corazón de Jesús (Miraflores), Nuestra Señora de Guadalupe (Urb. Piura), Nuestra Señora de Fátima (AAHH Fátima), entre otras de Piura. También estuvo en Paita y Talara.

Con el P. Miguel Medina, uno de los sacerdotes formados por el P. César Camacho.

Sin embargo, por lo que más lo recuerdan “las juventudes”, desde aquellas de los principios de la década del 70, cuando, siendo arzobispo y promotor monseñor Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio, es porque con él iniciaron con fuerza los grupos parroquiales que, más que el canto, promoverían las labores de pastoral juvenil. Así, nació en la Catedral de Piura el Grupo Amistad, cuyo influjo se proyectó, por ejemplo, a la formación y labor del Grupo Nueva Juventud de Catacaos; de ambos, han salido varios sacerdotes, entre ellos: el padre Miguel Medina, Edwin y Rolando Castro (como anota el profesor Córdova); así como los sacerdotes Juan Rebolledo, Armando Sandoval y Martín Chero, de Catacaos.

Las obras que ha promovido y en las que ha participado directamente el P. César Camacho son innumerables, así como aquellas en las que ha colaborado, en cada una de las parroquias en las que sirvió y los colegios en los que enseñó.

El gran número de personas, que desde ayer vienen acudiendo al velatorio de Nuestra Señora de Guadalupe, de las distintas provincias y ciudades de la Región, son solo una muestra del influjo que este sacerdote tuvo en las almas y en los corazones de quienes lo conocieron, de quienes formó, casó, bautizó o, simplemente, de quien alguna vez escuchó alguna de sus prédicas.

Seguramente, son miles más las que oran por su alma y elevan una plegaria de agradecimiento por lo que significó en sus vidas, como yo, una de las integrantes del Grupo Nueva Juventud de Catacaos, casada con uno de los integrantes del llamado Grupo Amistad, de Piura; y, por si fuera poco, exalumna y, desde hace más de 30 años, trabajadora de la Universidad de Piura, en cuya creación el P. Camacho, como varios ilustres piuranos de aquella época, también puso su ‘granito de arena’.

Descanse en paz, P. Camacho.