Te amo, pero ¿será suficiente?

El matrimonio no solo es humanamente edificante, sino también es rentable; además, hace más responsables, emprendedoras y exitosas a las personas.

Seguro que a ninguno de los enamorados se le ocurrirá pronunciar esta incómoda frase, justo en el mes de San Valentín. Pero ¿se puede medir el amor?, ¿cuánto es lo suficiente?, ¿lo suficiente para qué?

El amor conyugal entre un hombre y una mujer tiene unas dinámicas naturales y, según el profesor Pedro Juan Viladrich, llegado el momento convierten en “natural” el deseo de forjar una vida y un destino común, de un futuro compartido, de una entrega mutua “sin condiciones”. Es decir, de lo que en esencia es el matrimonio.

El compromiso de amarse para siempre, o el propósito de casarse, solo requiere de la voluntad de los contrayentes y de testigos cualificados. Así lo demostró el papa Francisco casando a una pareja “en el aire”, en medio de un vuelo comercial, y contando únicamente con el firme propósito de los contrayentes. Y aunque pocos tengan la suerte de casarse en estas circunstancias, la mayoría de novios atraviesa el dilema (una vez sabido que él o ella son los indicados para construir una familia) de definir ¿cuándo y cómo nos casamos?, ¿y si lo postergamos?, ¿ya tenemos suficientes recursos?

Entonces, la sencillez del mensaje del papa Francisco cae, nunca mejor dicho, como anillo al dedo: “Queridos novios: Tened la valentía de ser diferentes, no os dejéis devorar por la sociedad de consumo y de la apariencia. Lo que importa es el amor que os une, fortalecido y santificado por la gracia. Vosotros sois capaces de optar por un festejo sencillo y austero, para colocar el amor por encima de todo” (Amoris Laetitita, n. 212).

No deja de sorprender que muchas parejas ya consolidadas posterguen la decisión de casarse porque dicen no disponer de los recursos para festejar un glamoroso banquete y, a veces, aun disponiendo de medios materiales, invierten más energía y tiempo en detalles onerosos antes que en prepararse en serio para empezar su nueva vida juntos.

Otros, con una visión más individualista, postergan sus planes familiares para priorizar su carrera o su trabajo, comprar un departamento, tal vez un auto; como si el amor fuese incompatible con el progreso. Entonces, el amor se enfría, el compromiso se diluye, las ilusiones se desvanecen y, con frecuencia, las relaciones se rompen.

A pesar de que las ciencias sociales (o, por ejemplo, el libro “Why marriage matters?”) han demostrado una gran de cantidad de beneficios exclusivos del matrimonio, la cultura relativista y el afán consumista han diluido el valor humano y social de esta institución. Por eso, hace falta una gran dosis de valentía, no solo para superar la incertidumbre de los factores externos, incontrolables muchas veces (la estabilidad laboral, la situación económica), sino para superar el propio miedo al compromiso.

En una reciente videoconferencia (“Be a man, get married”), el Dr. Bradford Wilcox (University of Viriginia) explica cómo el matrimonio hace más responsables, emprendedoras y exitosas a las personas, especialmente a los varones, pues produce cambios positivos en su comportamiento, su salud emocional y su bienestar económico.

Entonces, visto solo desde la óptica materialista, el dinero no puede estar por encima del amor. Si fuese así, la mayoría de nosotros no nos hubiéramos casado. Ojalá que la medida de su amor sea lo suficientemente madura y audaz, para querer unir sus vidas para siempre.