Practica el “mindfulness” o arte de estar

¿Eres “multitasking” o te falta concentración?

¿Eres de los que se pasa el día corriendo de un lado a otro y, por ello, te sientes súper hombre o súper mujer? Cuidado, podrías estar metiéndole un autogol a tu equilibrio vital.

El “multitasking” o “multifunción” parece ser una de las cualidades personales más valoradas hoy en día, sobre todo a nivel profesional. Alguien “multitarea” es aquel que realiza varias cosas a la vez, de forma rápida y eficiente. Aunque, científicamente, el cerebro no puede realizar dos tareas en simultáneo, el término alude más a la capacidad de pasar velozmente de un tema a otro.

Sin duda, se trata de una habilidad muy útil en los diversos ámbitos en los que uno se desenvuelve. Sin embargo, los últimos estudios en Psiquiatría han descubierto que, muchas veces, la que parece ser una persona “multifunción” en realidad es alguien con muy poca capacidad de concentración, lo cual hace que su mente vaya “saltando” de un lado a otro, dando la apariencia de que está en muchas pistas al mismo tiempo.

Este hallazgo explica, entre otras cosas, la fama que ha adquirido la práctica del “mindfulness” o “conciencia plena”. Básicamente –ya que tiene muchas variantes– consiste en estar atento de manera intencional a lo que hacemos; en prestar atención a nuestras sensaciones, imaginación, emociones y/o al ambiente circundante, sin juzgar si son adecuados o buscar solución a los problemas que usualmente están presentes en nuestra mente.

“Vivimos en una cultura que nos estimula continuamente y nos pone en estado de alerta. Ello hace que nuestra imaginación esté activa con muchos elementos. Entonces, que una práctica permita mantener la atención en solo uno de ellos, a mucha gente le hace descubrir una sensación de quietud que no experimenta habitualmente y se siente a gusto así. Por eso, el mindfulness se viene desarrollando desde hace quince o veinte años desde Norteamérica”, explica el psicólogo Fernando García Diez, profesor del programa académico de Psicología de la Universidad de Piura.

Fernando García Diez, docente del programa de Psicología UDEP.

El poder del susurro

El “mindfulness” también se aplica como parte de las muchas técnicas con que cuenta la Psicología actual para combatir trastornos como la ansiedad. A decir de García Diez, esta técnica ofrece la oportunidad de aquietar los pensamientos, la imaginación y, con ello, “el malestar, la vivencia subjetiva de angustia o de ansiedad en un tiempo caracterizado por este tipo de sufrimientos”.

Ahora bien, ¿podría decirse que es igual a hacer yoga? “El ‘mindfulness’ está inspirado, al parecer, en las religiones orientales, específicamente la budista. En ese sentido, dentro de sus múltiples variables, puede equipararse a la meditación de tipo oriental. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta consiste en poner la mente sobre un punto abstracto; en cambio, el “mindfulness” puede tener un contenido que proviene del exterior o de la propia imaginación. Por ejemplo, del estar en un parque o en la playa, conectar con el aire que acaricia el rostro, con el murmullo del mar, con el sonido de las personas que hablan. Se trata de poner atención plena a todo ello, sin dejar que la imaginación vaya por otros lugares”, afirma el especialista.

Hundiendo raíces

La utilidad del “mindfulness” va más allá de adquirir un hábito de concentración para lograr mejores resultados en la labor que uno emprende o, a nivel personal, de contar con una ayuda para aminorar el grado de estrés que, actualmente, a todos nos embarga.

García Diez comenta que lo más importante de esta técnica es que fortalece nuestra capacidad atención y de tener conexiones más profundas, algo que necesitamos todos los seres humanos: “Para las personas, conectarse con la pareja, los hijos, los amigos, etc. es de importancia vital. Nuestras relaciones no pueden ser superficiales, no se puede llegar a casa y acortar el beso de nuestros niños o no prestar atención al marido. Tal como las plantas, requerimos raíces o conexiones muy profundas para vivir”.

¿Dónde está tu corazón?

Hay gente que, por diversos medios, ha aprendido a tener solo una cosa en la cabeza o en los afectos, que está en lo que hace, y eso le ha ayudado a vivir con sentimientos de quietud. Sin embargo, la mayoría necesitamos recursos y capacidades para mantenernos en equilibro, en una cierta armonía. Y, claro, el “mindfulness” es uno de ellos.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿existe una especie de práctica previa a él? Imaginemos una persona que sale de la oficina en la noche. Sube a su auto y encuentra mucho tráfico vehicular, lo cual le produce mucho estrés. Tiene toda la intención de llegar a casa a mimar a su esposa, jugar con sus hijos y compartir la cena en familia, pero la situación lo ha puesto tan tenso que termina regañándolos sin motivo y peleando con su pareja. En ese estado, ¿podría practicar “mindfulnes”s para calmarse?

El psicólogo de la UDEP señala que el “mindfulness” no excluye ser ayudado por otros: “Uno puede llegar nervioso a casa, pero aplacarse al recibir cariño de su familia. A veces, una persona no se detiene a disfrutar de un abrazo o un beso y suelta rápidamente. Para llegar al estado de conciencia plena uno tiene que saber recibir cariño y saber darlo. Algo que ayuda es conocer dónde está nuestro corazón, así no se invierte fuerza y energía en cosas vacías. La gente anda inquieta porque trata de cumplir una serie de pautas como tener una determinada casa, un cierto modelo de auto, una destacada posición social, cuando en realidad su corazón puede estar pidiéndole otras cosas, que incluso pueden ya poseerse sin habernos dado cuenta”.

¡Sea “mindfulness”! Serlo incluye el ejercicio de la atención u otras prácticas destinadas a despejar el tráfico de pensamientos y emociones que llevamos siempre con nosotros, queda claro que es importante adquirir hábitos que nos permitan tener calidad de vida, serenidad y desarrollar nuestra personalidad.  Como afirma el psicólogo Mihaly Csikszentmihaly, en su libro Fluir: “Existe una relación circular entre la personalidad y la atención, pues, así como uno dirige su atención hacia aquellas cosas que su personalidad prioriza, asimismo va configurando su personalidad en función de las cosas a las cuales presta atención”.