24

Ago

2019

ARTÍCULO DE OPINIÓN

La coherencia y el liderazgo: claves en un directivo

Una posición directiva debe asumirse con gran responsabilidad. No es solo un nombre ni dar órdenes o tomar decisiones sin sustento técnico y profesional, basados únicamente en diversos intereses particulares.

Por Juana Huaco. 24 agosto, 2019.

La coherencia y el liderazgo: claves en un directivo

Las serias deficiencias directivas, exhibidas por algunos funcionarios públicos, están ocasionando dos consecuencias directas: un grave malestar interno en las instituciones y el incumplimiento de sus objetivos, por la mala dirección o un concepto errado de “ser directivo”.

Una posición directiva debe asumirse con gran responsabilidad. No es solo un nombre ni dar órdenes o tomar decisiones sin sustento técnico y profesional, basados únicamente en diversos intereses particulares.

Hoy, las organizaciones son tan complejas, que las decisiones no las debería tomar una sola persona sino un equipo directivo. Para ello, el directivo debe rodearse de personal calificado, de una ética comprobada, para liderar con éxito el equipo humano que espera dirigir. Si bien no es una tarea fácil, sí es esencial para todo directivo.

El liderazgo institucional no se logra con un simple nombramiento o resolución, o con solo ganar las elecciones. Se muestra y gana con el comportamiento dentro y fuera de la institución; con la coherencia en la toma de decisiones, la forma de comunicarse y con la actuación pública y privada. Por tanto, el liderazgo se “gana, se reconoce y se muestra”.

Un ejemplo de falta de coherencia en las decisiones de nuestras instituciones públicas es este: aunque carecen de suficientes capacidades técnicas y profesionales, y saben que cada vez hay más profesionales de nuestra Región reconocidos como gerentes públicos por Servir (Autoridad Nacional del Servicio Civil), estos no son “llamados” para los puestos clave, respecto a su profesionalismo. Al contrario, son rotados o ubicados en cargos irrelevantes, por el simple hecho de no ser miembros del grupo del partido político que “lidera” la institución.

Esta es una muestra de una deficiente dirección, falta de coherencia y, por ende, de una pérdida o falta de liderazgo en los puestos directivos de nuestras instituciones públicas.

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