ARTÍCULO DE OPINIÓN

¿Qué pasa en el Reino Unido?

La lección sobre lo que pasa en en Reino Unido nos debe ayudar a reflexionar sobre la institucionalidad democrática.

Fuente: El espectador.com

Un vistazo a la política comparada nos ayuda a refrescar los temas de coyuntura nacional. En el Reino Unido, el reloj del Big Ben parece haberse detenido desde que 52% de ciudadanos votaran a favor del Brexit con la Unión Europea (UE). Un resultado que ha costado la dimisión de dos primeros ministros (Cameron y May) del partido conservador, tres rechazos del Parlamento Británico al acuerdo de salida del Reino Unido del proceso de integración, el nombramiento de Boris Johnson como nuevo titular del ejecutivo y su promesa para culminar con el tema, a más tardar, a fines de octubre, con o sin acuerdo, así como su reciente solicitud de suspensión del parlamento a la Jefa de Estado (Reina Isabel II), mientras se termina de discutir el acuerdo de salida. En la actualidad, el Parlamento desea aprobar una ley que impida al gobierno una salida de la UE sin acuerdo, a la vez de una advertencia del Primer Ministro para adelantar elecciones al legislativo.

La reacción política y ciudadana inmediata dio lugar al retiro de varios parlamentarios conservadores de la filas de los liberales dejando sin piso a Johnson dada la escasa mayoría que posee en Westminster (como así se le conoce a la sede del Legislativo inglés). Por otra parte, los ciudadanos han marchado en protesta por la misma decisión. John Mayor, ex primer ministro conservador, no tardó en comparar a Johnson con Gladstone, Disraeli, Churchill y Margaret Thatcher, históricos jefes de gabinete británico, de épocas difíciles, a los que nunca se les ocurrió medidas de esta naturaleza.

La lección sobre lo que pasa en en Reino Unido nos debe ayudar a reflexionar sobre la institucionalidad democrática, que siempre demanda un gobierno y oposición en funciones, es un diálogo de dos que permite el ejercicio de la política, especialmente en estados de continua crispación. La idea es que uno no destruya al otro sino que, a pesar de manifestar sus diferencias, puedan convivir en un mismo recinto para discutir y llegar acuerdos en favor del bien común.