Detrás de las palabras

Capillo

Con el tiempo, el capillo se redujo a un gorrito de lienzo blanco, que sigue llamándose así, aunque en el Perú se dice también capillo al recordatorio que se da a los pariente...

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En los bautizos junto al signo del agua, el santo crisma y una vela, le ponemos al niño una vestidura blanca, originariamente un “capillo”. Es diminutivo de “capa” (del latín “caput”, ‘cabeza’, igual que “capilla”, que hace alusión a la que San Martín dividió con un pobre). Y, por ello el antiguo refrán, empleado por Ricardo Palma: “lo que entra con el capillo sólo se va con el cerquillo”, y que tenía variantes antiguas: “lo que con capillo se toma y pega, con la mortaja se deja” –decía el maestro Correas (1627) –, alude a que los vicios que comienzan en la niñez duran toda la vida.

Con el tiempo, el capillo se redujo a un gorrito de lienzo blanco, que sigue llamándose así, aunque en el Perú se dice también capillo al recordatorio que se da a los parientes; y, en Piura, también por metonimia (el padrino ayudaba a pagar los gastos de la fiesta); se decía capillo a las monedas que arrojaba al terminar la ceremonia, convirtiéndose en la gran emoción de todos los niños: “¡Capillo!” En Ecuador, suele decirse en plural, con el mismo sentido. De ese modo, el nombre se convirtió en petición y la petición se convirtió en expresión de valor pragmático de alegría y de buena fortuna.

Imagen tomada de asl.pe

En Piura ya casi no se acostumbra dar capillo en los bautizos y es una pena que la tradición se haya perdido un poco; pero, se conserva en algunas familias y sobre todo en el campo. Hay un uso supérstite y es que cuando por accidente se le cae algo de las manos a alguien (sobre todo si son monedas) es posible exclamar: ¡capillo! Decía Carlos Robles que en la sierra llamaban también capillo a la gran comilona que se servía a los parientes e invitados y parecía casi una frase hecha dicho: “Si vas a ser padrino, prepara el capillo”.