Jardinero de la UDEP

Carlos Siancas: “Esto pasará, no hay que perder la fe”

Carlos es un curtido agricultor de 61 años. En Los Ejidos de Huan, aprendió a cultivar y amar la tierra. En 1984 llegó a la UDEP, donde su fe y fortaleza son todo un ejemplo.

Con apenas 24 años y toda la fuerza de su juventud, Carlos Siancas Castillo llegó a la Universidad de Piura hace 36 años, el 30 de enero de 1984, justo cuando la UDEP ponía en marcha el proyecto de reforestación del campus, cuyo fruto es el actual y único bosque seco, reconocido como un importante pulmón de la ciudad de Piura.

Durante 23 años trabajó en el área de bosques de la UDEP; y, desde octubre del 2007, cuida los jardines del campus. Su experiencia como agricultor, adquirida ayudando a su padre desde niño, mejoraba cada día con las atentas indicaciones y consejos de los jefes que ha tenido en estos años, entre ellos Juancito Calderón, Guillermo Morales, Mario Matorell y Doris Peña. “De ellos y, en general de todas las personas que he tratado en la UDEP, he aprendido que la vocación de servicio enaltece más la labor que realizas. Además de darme el sustento para mi familia, la universidad es como mi segunda familia de la cual me siento muy orgulloso”.

“No hay que perder la fe”
Con su esposa Elsa, sus cinco hijos y nueve nietos, en Los Ejidos de Huan, Carlos afronta con optimismo la coyuntura sanitaria que mantiene en vilo al mundo. “Estos 45 días, en los que me he quedado en casa, me hacen sentir como un león enjaulado. Por momentos me entristezco y quiero salir a ver cómo están los jardines y terminar algunos pendientes en el campus. La limpieza de los jardines de la UDEP es fundamental para que se vea verde y bonita, como siempre”, señala Carlos.

“Es una situación crítica, especialmente para nosotros ‘los jóvenes’ que somos vulnerables a este bicho (risas), pero no hay que perder la fe. Esto pasará ya verás”, me dice con entusiasmo este ‘jovencito’ de 61 años, quien hace algunos años recibió la medalla de la Universidad de Piura por sus 25 años de trabajo; y el 2019, fue distinguido con la medalla de las Bodas de Oro.

“Lo importante para mí es que este encierro me ha servido para reforzar la unidad en mi familia; disfruto de todos, en especial de mis nietos. Como todo hombre de campo, lo primero que hago es agradecer a Dios por darnos un día más de vida”.

Mientras conversamos, Carlos deja de lado su reciedumbre y se transparenta al contarnos lo que seguro a muchos nos ocurre. “En casa siempre hay algo que hacer y, en estos días, mi esposa me ha enseñado mucho de la cocina. Ya sé prepararme mi arroz con huevo frito (más risas) y algún sudadito de pescado con sus yucas y plátanos sancochados. ¿Para qué más?”. Es cierto, ¡para qué más!

Día del Trabajo
El viernes, 1 de mayo, la casi anónima pero perseverante laboriosidad de Carlos Siancas, reflejada en el fresco verdor de los jardines de Campus Piura de la UDEP, obliga a un especial reconocimiento a todos y a cada uno de los trabajadores de la universidad, en especial del personal de servicios operativos.

La comunidad universitaria, y la población en general, no negará lo que nos dice este experimentado jardinero:En este Día del Trabajo extrañaré, sobre todo, compartir con los compañeros, y el trabajo en sí mismo. Pero no te preocupes, ya habrá su momento de volver y de celebrar”, termina diciéndome, con una sonrisa cargada de optimismo.