Artículo de opinión

El edadismo: otra forma de discriminación

En la actualidad, una persona de la tercera edad no tiene cabida en el mundo laboral de nuestro país. El edadismo es la tercera gran forma de discriminación, junto con el racismo y el sexismo.

Tuve la dicha de tener a mi madre conmigo hasta los 94 años y durante los más de 50 años que trabajó sirviendo y atendiendo a mucha gente pude aprender de ella a cocinar, cocer, servir, y lo más importante, a valerme por mi mismo y ser independiente. Sin embargo, en la actualidad una persona de la tercera edad no tiene cabida en el mundo laboral de nuestro país. El edadismo es la tercera gran forma de discriminación en nuestra sociedad, junto con el racismo y el sexismo.

El psicólogo español Ángel Redondo, en uno de sus artículos, sostiene que en las sociedades actuales «más desarrolladas», centradas en el éxito económico, la juventud y la competitividad, se tiene una representación de la tercera edad minusvalorada y asistencialista. Este fenómeno de desvalorización social y de desconocimiento de las capacidades de las personas mayores es lo que se ha terminado llamando edadismo.

Edadismo es discriminar, excluir y marginar a una persona por su edad. Con el edadismo se describen aquellas actitudes negativas, desfavorables y de discriminación en función de la edad, y que de alguna manera desprecian los derechos de la población más envejecida en favor de otros miembros de la sociedad más productivos.

Redondo nos hace ver que lo curioso con el envejecimiento es que realmente evitamos a un grupo al que nos uniremos de forma invariable en algún momento, es como si discrimináramos nuestro yo futuro. Además, lo que resulta más llamativo es que el grupo de población que más edadismos realiza es el de la mediana edad. Esto se debe a que las personas de la media edad ven cerca la vejez y sienten la necesidad de mantener su imagen por medio de la discriminación hacia personas más mayores.

Finalmente, Ángel Redondo nos dice que para erradicar el edadismo se tienen que producir cambios tanto en los sistemas que lo perpetúan como en los medios de comunicación, la cultura popular, instituciones, gobierno, etc.

Asimismo, se deben realizar políticas de intervención por medio de programas dirigidos para reducir el impacto de las ideas y actitudes edadistas en la sociedad, hacer hincapié en la formación y educación de los profesionales que atienden hoy en día y atenderán en un futuro a los mayores y, a la vez, es importante dar cobertura a las personas mayores y a sus familias.

Mostremos más sensibilidad hacia los intereses y necesidades de nuestros mayores y mejoremos su calidad de vida, pues una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y la esperanza.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.