REPORTAJE

El pequeño agricultor: desafíos y oportunidades tras la crisis

A pocos días de iniciarse la gran campaña de siembra de los principales cultivos, analizamos la situación de la agricultura a pequeña escala en tiempos de pandemia.

A mediados de abril, el Poder Ejecutivo estimaba la pérdida de s/1611 millones en el sector agropecuario, producto de las medidas de aislamiento social obligatorio para frenar la expansión de la pandemia COVID-19. El Gobierno señalaba, además, que la crisis afectaría especialmente a los pequeños agricultores, quienes no suelen tener acceso a la banca ni son usuarios de programas sociales del Estado.

Hoy, en un contexto habitual, estaría por iniciarse la gran campaña de siembra de los principales cultivos, la cual suele empezar el 1 de agosto; sin embargo, la pandemia ha afectado la cadena de comercialización de estos y los tiempos de los agricultores, quienes, esperando una respuesta, que ha llegado tardíamente, finalmente pueden acceder a los créditos otorgados por el Programa de Garantía para el Financiamiento Agrario Empresarial (FAE-Agro), que asegura el desembolso de hasta s/2000 millones para el otorgamiento de garantías crediticias a pequeños agricultores.

Al respecto, Ernesto Gallo, doctor en Economía en la Universidad de Piura y autor del libro “El milagro del agro peruano”, expresa incertidumbre frente a la medida. “Casi el 80% de los agricultores no usa créditos y difícilmente un banco los otorgará, específicamente a agricultores de pequeña escala, por el alto riesgo. El dinero irá a grandes empresas más formales y establecidas, con mayor garantía de que generarán empleo y remuneraciones para los trabajadores rurales”, indica.

El economista también asegura que el impacto de la pandemia, a diferencia de lo pronosticado, no fue notoriamente desfavorecedor para la agricultura de pequeña escala. “El impacto ha sido mínimo, tanto en la producción como en los precios. La agroexportación de productos de Piura que se producen en esta estación ha aumentado, principalmente el banano orgánico, el limón y la panela, pero se ha observado un incremento en los costos, especialmente en temas de transporte, insumos y logística”, asegura.

Asimismo, Gallo, director del programa académico de Contabilidad de la UDEP, califica a los agronegocios como “COVID-resistentes”, pues, aunque se ha reducido el consumo de alimentos fuera de casa, se ha incrementado la compra de alimentos crudos.

Nuevos desafíos
Pensando en la reactivación económica de las regiones agrícolas, el Ministerio de Agricultura ha apostado por el despliegue de nuevas acciones, como la promoción de la agrobiodiversidad. Para ello, recientemente puso a disposición de los pequeños y medianos agricultores nuevas variedades de semillas certificadas de papa, maíz, quinua, arroz, algodón, camote, trigo, frijol y otras legumbres; así como de frutas: piña y pitahaya.

Dicha medida es indispensable, en el actual contexto en el que, según asegura la BBC, la pandemia ha impulsado en el Perú la apresurada exportación de frutas y cultivos no tradicionales como el kion y los arándanos.

El profesor Ernesto Gallo, por su parte, añade que a esta propuesta debe sumársele la de capacitar a los pequeños productores en inteligencia comercial y técnicas modernas de cultivo.

“Para los pequeños agricultores es imposible competir contra las grandes empresas agrícolas. Menos del 20% usa semilla mejorada, abonos, riego regulado, etc. Estas personas tienen dos opciones: unirse y cooperar para comprar y vender negociando en grupo, formando una gran operación manejada empresarialmente, con gerencia y técnicos altamente calificados; o trabajar bajo contrato con la gran empresa, lo cual les asegura un sueldo, aportes a las AFP y otros beneficios. De otra manera, solo sobreviven en pobreza”, señala.

Oportunidad de conquistar nuevos mercados
De acuerdo con un informe del Minagri, las exportaciones durante los primeros meses del año (enero-mayo) crecieron en un 0,6% frente al mismo periodo del año anterior, a pesar de la crisis.

Autoridades de este sector indicaron que esta tendencia ratifica la actividad agropecuaria como uno de los motores del crecimiento y de recuperación de la actividad económica en el Perú.

En opinión del doctor Gallo, hay una mayor oportunidad de crecimiento para la agricultura de pequeña escala, pero bajo la figura de la formación de cooperativas o redes de distribución.

Asimismo, considera imprescindible la intervención de la academia en el desarrollo de proyectos para la integración de la cadena bajo contratos, la inteligencia comercial, implementación de nuevas tecnologías, y el estudio para el cultivo de especies no tradicionales.

“He detectado 20 productos de alto valor intrínseco, cuyo precio es mayor que el del mango, por ejemplo.  Nótese que el banano orgánico peruano, que ocupa hoy un sitial en el mercado mundial, tiene el menor precio de la categoría, por debajo de otros 40 productos orgánicos frescos.  También se puede apoyar en la formulación e implementación de proyectos de inversión, tecnología de producción específica y mejorada o adaptada a la realidad local”, indica.

Actualmente, los principales destinos de las agroexportaciones peruanas son Estados Unidos, Holanda, España, Inglaterra, Ecuador, China, Alemania, Colombia, Chile y Canadá.