Artículo de opinión

En el Día del Idioma y del Libro

Parece no haber un plan para proteger la industria del libro. El barco de la muerte sigue su camino y parece que la industria editorial no llegará a buen puerto con esta tormentosa coyuntura.

“¿A qué hora llega ese maldito barco?”, pregunta uno de los personajes del melodrama de Alejandro Casona “Los árboles mueren de pie” (1949). Las vísperas del Día del Idioma trajo la triste noticia de la muerte de Anahí Baylón, destacada bibliotecaria que se dedicó con empeño encomiable a difundir la lectura y a promover las bibliotecas públicas.

Piura le ha agradecido, con el testimonio conmovido de amigos y conocidos que respetamos su trabajo y admiramos su abnegación. Yo la recuerdo con cariño, por la generosidad con la que puso todos los medios de la biblioteca municipal en favor de la publicación del libro: “La lengua de los piuranos”, de Carlos Robles Rázuri (2012).

Son horas difíciles para el mundo, en plena expansión de una pandemia con alto índice de mortandad; y también para el libro y la lectura: el gobierno no los considera esenciales y muchas librerías y editoriales están al borde de la quiebra. Hay solo algunas bibliotecas digitales, acceso a libros digitales de pocas universidades; pero los estudiantes, que sí tienen hay acceso a miles de películas y videos en televisores y aparatos digitales, no puede recibir un libro en sus manos.

Hay un pedido para que los 16 millones presupuestados para el censo nacional de lectura se usen para adquirir libros para las bibliotecas escolares y municipales del país. Haría falta mucho más dinero, pero esta suma podría dar un alivio. Parece que el Covid-19 no sobrevive más de unos minutos en las superficies porosas, como el papel, pero se ha prohibido su transporte o venta por courier. Las ferias del libro se han cancelado. En su lugar, la Cámara Peruana del Libro anuncia su intención de promover ferias digitales. Se hace lo que se puede, pero no es lo mismo.

Desde el Estado, parece no haber un plan para proteger la industria del libro, que en los últimos años conoció un importante desarrollo e incluso comenzaba a tener buenas cifras de exportación. El barco de la muerte sigue su camino y parece que la industria editorial no llegará a buen puerto con esta tormentosa coyuntura.

En el drama de Casona, Helena le reprocha que diga palabras como “dichoso” y “maldito” y le pide que cambie ese gesto: “Sonría. Una buena sonrisa es la mitad de nuestro trabajo.” Una sonrisa y algo más es lo que el libro necesita en el Día del Idioma.

(Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas en él son  de responsabilidad del autor).