Artículo de opinión

En homenaje al idioma español

El español merece celebración, ya que se destaca entre todas las lenguas del mundo. Es parte de la identidad de los hispanohablantes y parte de nuestro patrimonio; en consecuencia, tenemos la responsabilidad de cuidarlo.

El español cumple la misma función que otros idiomas: ser un código lingüístico de comunicación. Al igual que el inglés, el francés o el quechua  se rige por unas reglas, evoluciona, incorpora nuevas palabas y va dejando otras en desuso. Ahora bien, cabe preguntarse ¿por qué el español destaca de entre otras lenguas?

Sin duda alguna, lo primera que hay que decir es que nuestra lengua goza de gran estatus entre todas las lenguas del mundo. El Centro Virtual Cervantes considera a nuestro idioma como una de las «grandes lenguas de cultura que se han esparcido por extensos territorios, la mayoría de las veces a través de la conquista militar y posterior colonización de regiones diferentes a aquellas en las que nació y comenzó a andar; también a través de otros tipos de conquista, más de tipo cultural y de dominación ideológica y cultural» («La mirada americana: el español y su expansión internacional», 2019).

Datos oficiales del Instituto Cervantes reflejan que el español sigue siendo una de las lenguas más importantes del mundo, así lo señala al afirmar que «casi 483 millones de personas tienen el español como lengua materna […] es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, tras el chino mandarín, y la tercera lengua en un cómputo global de hablantes (dominio nativo + competencia limitada + estudiantes de español), después del inglés y del chino». También impone su presencia en Internet, ya que es «la tercera lengua más utilizada en la Red […] y la segunda más utilizada en Facebook, en LinkedIn, en Twitter y en Wikipedia» («El español: una lengua viva». Informe 2019).

Además, es el segundo idioma de comunicación internacional, lo que le permite ser parte de un grupo exclusivo de lenguas. Una muestra de ello es que, desde 1946, el español es una de las lenguas oficiales de las Naciones Unidas, estatus que comparte con el árabe, el chino, el inglés, el francés y el ruso. Precisamente, fue esta organización que en el 2010 emitió una resolución para establecer el Día de las Lenguas, y eligió el 23 de abril para celebrar nuestro idioma por coincidir con la muerte de Miguel de Cervantes, máximo representante de la literatura española.

Por todo lo dicho, el español merece celebración, ya que se destaca entre todas las lenguas del mundo. Es parte de la identidad de los hispanohablantes y parte de nuestro patrimonio; en consecuencia, tenemos la responsabilidad de cuidarlo. Ahora bien, conviene preguntarse, ¿cómo podemos mantenerlo sano?

Al ser una lengua hablada en distintas regiones y cada una con rasgos distintos e incluso propios, hay que procurar mantener su unidad aun dentro de esa diversidad. Esta es la función principal de distintas instituciones, entre ellas, la de la Real Academia Española, en cuyo portal web afirma ser una «una institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico». La Universidad de Piura también procura cuidar esa unidad mediante el blog Castellano Actual, una herramienta que difunde el uso correcto de nuestro idioma.

En conclusión, este 23 de abril vale la pena celebrar al español imaginando nuestra vida en su ausencia. Por ejemplo, ¿de qué estarían hechas las canciones? ¡Cuántas letras hermosas en español han sido creadas a lo largo del tiempo y se han convertido en la banda sonora de nuestra película: nuestra vida! Unos lloran con «soy honesta con él y contigo, a él lo quiero y a ti te he olvidado», otros bailan con «y canto a la vida, de risas y penas, de momentos malos y de cosas buenas» Y ¿qué evocamos al escuchar «de aquel amor de música ligera, nada nos libra, nada más queda»?

Sin el español, ¿cómo nos hubiesen contado la historia del «hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor» que vivía en un lugar de la Mancha? En ausencia de nuestro idioma no hubiesen nacido el Quijote, el lazarillo de Tormes, Rosendo Maqui, el niño Julius, ni Bernarda Alba. Ninguno de estos u otros personajes famosos de la literatura española hubiese existido sin las palabras que tan bien los han caracterizado. La misma suerte hubiese corrido la poesía. Viviríamos sin Vallejo, Bécquer, Darío o Neruda. ¿Vivir sin los Heraldos Negros? ¡Qué golpe tan fuerte de la vida!

(Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas en él son  de responsabilidad del autor).