Artículo de opinión

Epilepsia: un imperativo de salud global

El 26 de marzo se celebró el Día Púrpura (Purple Day), con el objetivo de promover la conciencia sobre la epilepsia y disipar los mitos y temores comunes de este trastorno neurológico.

(Artículo escrito por el doctor Walter de la Cruz. Docente de la Facultad de Medicina Humana)

La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más frecuentes en todo el mundo: afecta a unos 50 millones de personas de todas las edades, sexos y razas y se estima que 1 de cada 100 personas en el mundo la padecen; de ellos, cerca del 80% vive en países con ingresos bajos y medios (antes llamados países en desarrollo o subdesarrollados). Ello se debe a que algunos factores de riesgo para epilepsia, como las lesiones perinatales, las infecciones del sistema nervioso central y los traumatismos craneoencefálicos son más frecuentes en esos países.

En el Perú, determinar el número de personas con epilepsia aún requiere información epidemiológica adecuada, pero se estima que entre 300 mil a medio millón la padece.

La epilepsia es una enfermedad del cerebro caracterizada por breves disturbios de la actividad eléctrica cerebral normal que provocan crisis epilépticas recurrentes. Una persona que tiene una crisis epiléptica puede experimentar, en forma brusca, breve y transitoria, convulsiones o inusuales alteraciones del comportamiento, la conciencia, la percepción y/o la sensibilidad.

La epilepsia, además, tiene importantes consecuencias neurológicas, cognitivas, psicológicas y sociales, en la persona que la padece. Otro aspecto importante de la epilepsia son sus repercusiones económicas, tanto por la atención sanitaria que requiere como por la pérdida de productividad laboral.

Las causas de la epilepsia son diversas e incluyen alteraciones genéticas, trastornos metabólicos, daño cerebral por causas prenatales y perinatales, anormalidades del desarrollo cerebral, infecciones del sistema nervioso central, traumatismo craneoencefálico, tumores cerebrales, enfermedad cerebrovascular, enfermedades inmunitarias y causas desconocidas.

Tener epilepsia conlleva un mayor riesgo de tener muerte prematura, accidentes, comorbilidad psiquiátrica, discapacidad, aislamiento social y mala calidad de vida. Debido a las causas subyacente de esta enfermedad, los accidentes fatales, el estado epiléptico o la muerte súbita inexplicable, el riesgo de muerte prematura en personas con epilepsia es hasta tres veces mayor que en la población general. Los accidentes no fatales con lesiones en la cabeza, quemaduras, fracturas, entre otros, generalmente están relacionados con las crisis epilépticas.

Los trastornos psiquiátricos, como la depresión y la ansiedad, son más frecuentes en personas con epilepsia y pueden empeoran la enfermedad. La falta de control de las crisis epilépticas incapacitantes, el bajo rendimiento académico, el desempleo, el aislamiento social y las comorbilidades psiquiátricas pueden producir discapacidad y mala calidad de vida. En el mundo, las personas con epilepsia y sus familias aun sufren estigmatización y discriminación. Muchos niños con epilepsia no van a la escuela y a los adultos se les niega el trabajo, el derecho a conducir o a casarse.

El 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) y la Oficina Internacional para la Epilepsia (IBE) hicieron un llamamiento a una acción sostenida y coordinada para asegurar que toda persona con epilepsia tenga acceso a la atención y al tratamiento que necesite y la oportunidad de vivir sin estigmatización ni discriminación en cualquier parte del mundo. En el 2019, publicaron un documento titulado “Epilepsia: Un imperativo de salud pública”, donde plantean la necesidad de las siguientes  medidas urgentes para: 1) lograr que la epilepsia se considere una prioridad de salud pública con el fin de reducir su frecuencia y consecuencias; 2) mejorar las actitudes del público con respecto a la enfermedad, reducir la estigmatización y fomentar la protección de los derechos de las personas con epilepsia; 3) invertir en sistemas de asistencia sanitaria y social para mejorar el acceso a la atención a la epilepsia; 4) mejorar el acceso a antiepilépticos en todo el mundo; 5) prevenir las epilepsias adquiridas mediante una mejor atención a las causas frecuentes, como las lesiones perinatales, las infecciones del sistema nervioso central, los accidentes cerebrovasculares y los traumatismos craneoencefálicos; y 6) dar mayor prioridad a la epilepsia en los programas de investigación.

Es importante destacar que hasta un 70% de personas con epilepsia pueden dejar de tener crisis epilépticas y llevar una vida normal con un diagnóstico adecuado y el uso apropiado de medicamentos antiepilépticos baratos y eficaces. Sin embargo, en países con ingresos bajos, tres cuartas partes de las personas enfermas no reciben un tratamiento adecuado. Por ejemplo, en países con ingresos medios, como el Perú, solo 5 de cada 10 personas con epilepsia reciben un tratamiento adecuado.

Esa brecha se debe a la falta de médicos entrenados, falta de acceso a los medicamentos antiepilépticos, ideas falsas de la enfermedad, pobreza y pobre priorización estatal del tratamiento de la epilepsia. Por ello, es vital una adecuada formación de profesionales de la salud, así como una educación de la población en temas de salud mental, además de las políticas de salud pública que se generen desde el Estado.