ARTÍCULO DE OPINIÓN

Estrategia de internacionalización en la educación ‘on line’

En medio de esta pandemia, un gran número de instituciones educativas (universitarias o escolares) han debido migrar a plataformas virtuales. Muy pocas estaban preparadas para afrontar esta crisis de la forma como ha llegado.

Fuente: Freepik

En el Perú, muy pocas universidades tenían experiencias sobre el desarrollo de contenidos virtuales o uso de plataformas específicas para tales fines. Pero, nada de eso importa; en épocas de crisis nacen grandes oportunidades. Aplaudo a todas las instituciones educativas que han decidido migrar a plataformas digitales. No es un proceso fácil, la mayoría de los docentes vienen del siglo anterior al uso de computadoras, y deben enseñar a alumnos que nacieron siendo digitales; pero, ahí está el reto. Hay que concientizar que esta es una gran oportunidad para que docentes y alumnos hagan de este semestre —o año— un proceso rico en aprendizajes y nuevas experiencias.

En este nuevo panorama, en el que la movilidad transfronteriza es un riesgo y puede ser un factor de alarma, no pocas universidades vienen suspendiendo toda movilidad estudiantil del 2020. Las medidas dependerán de las disposiciones de cada institución y de las que dé el gobierno; pero, desde las áreas internacionales no podemos esperar. Es momento de activar nuevas estrategias, que no son nuevas pues han existido desde antes, pero no se les daba el valor debido o, dirían algunos, ‘no se veía la necesidad’.

Una de estas acciones y beneficios que ofrece la virtualidad es que se pueden dictar las clases desde cualquier lugar del mundo. Vivimos conectándonos a webinars y clases online ya sean desde Reino Unido o Asia, donde solo hay que considerar la diferencia de horarios, si son clases en vivo (sincrónicas).

Esa conexión es más que una oportunidad, es un llamado a conectarnos. Y es que, en cada curso, los docentes pueden activar sus contactos internacionales o apoyarse en su oficina internacional para encontrar esos nexos. En tiempos de solidaridad y de compartir, muchos académicos estarán más que felices por dar una clase remota. Sin embargo, es importante que esa colaboración sea en ambas vías. En situaciones como esta, cada institución en sus programas o facultades debe ser capaz de identificar cuáles de sus profesores pueden dictar clases magistrales, en español o inglés, hacia el exterior.

No hay duda de que esa estrategia es lo que llamamos un “win –win”. Estoy segura de que estas acciones serán positivas para los estudiantes y docentes. Es momento de innovar y enfrentar nuevos retos. Veremos quiénes dan los primeros pasos.

(Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas en él son  de responsabilidad del autor).