ARTÍCULO DE OPINIÓN

La felicidad en el pasado

¿Por qué tantos señalan a la época incaica como la mejor del Perú? La idealización es el resultado del esfuerzo del antropólogo Luis Eduardo Valcárcel por recuperar los grandes logros históricos de los incas.

Fuente: Agencia Andina

Una encuesta de mediados de los años 80, elaborada por lo sociólogos G. Portocarrero y P. Oliart, estimaba que el 84% de los escolares peruanos pensaba que la incaica era la “época más feliz en la historia del Perú”. Si la encuesta se hubiera realizado cien años antes es probable que el resultado hubiera sido muy distinto.

El profesor José Luis Rénique atribuyó esta idealización del periodo incaico a la herencia de Luis Eduardo Valcárcel y la generación cusqueña de 1909. Resultó de su esfuerzo por articular una visión del pasado peruano que exhortaba a recuperar la memoria de los grandes logros históricos de los indios y abrir la mente de los no indios por reconocerlo. La meta o ideal era un Perú indígena, un Perú donde lo indígena articula el orgullo nacional.

La idea garcilasista de felicidad del mundo inca alimentaba la autoestima y el patriotismo indigenista con una referencia a un mundo ideal genuinamente peruano y maravillosamente justo y solidario. Un mundo en el que ni siquiera había enfermedades antes de la llegada de los españoles.

Si hiciéramos aquí una encuesta similar, seguramente un alto porcentaje de escolares norteños dirían ahora que la época de los mochicas y los tallanes fue también la más feliz de nuestra historia, aunque esto es también muy subjetivo y responde a una postura ideológica más que a una comprobación empírica. Pero el mecanismo por el que la población busca identificarse con un origen idealizado tiene una fortaleza extraordinaria, negarlo es ofender a la fibra más sensible de la identidad, una pesada herencia del indigenismo cusqueñista.

La relevancia de Valcárcel en la cultura nacional es innegable, por la gran difusión de su obra y por su papel como ministro de Educación en el gobierno de Bustamante y Rivero (1945-1948). Además, era profesor principal en la San Marcos y su opinión era considerada incluso por los partidarios de Odría, adquiriendo, en palabras de Antonio Zapata, el estatus de “guía ideológico”.

Sigue siendo un intelectual admirado, pero su indigenismo estaba basado en una visión idealista y nacionalista del pasado, que en el fondo resultaba de una apropiación inconsciente de la imagen proporcionada por los historiadores anglosajones: Squier, Prescott, Uhle, Markham, Means, Rowe, que construyen un discurso profundamente antihispanista del pasado andino -heredado de la leyenda negra anticatólica-, muy adecuado para justificar su visión de la historia y expresar sus ansias imperialistas en este lado del mundo. Una imagen distorsionada pero extraordinariamente poderosa.