Día Internacional de la Zurdera

Lateralidad y salud

Desde hace muchos años se sabe de la existencia de individuos zurdos que, para la mayoría de los investigadores, constituyen el 10% de la población. En algunas culturas, ser zurdo está mal visto.

Con ocasión del Día Internacional de la Zurdera, es pertinente referirnos al concepto de lateralidad como la preferencia por el uso de un lado de nuestro cuerpo por encima del otro, lo cual se basa en el dominio de uno de los hemisferios cerebrales. Sin embargo, no se conoce bien su origen ni lo que condiciona la especialización de estas dos estructuras del encéfalo.

Desde hace muchos años se sabe de la existencia de individuos zurdos que, para la mayoría de los investigadores, constituyen el 10% de la población. En algunas culturas, ser zurdo está mal visto, aunque los diferentes avances ayudan a comprender mejor algo que no es propio de la mayoría.

La asimetría estructural y funcional del cerebro humano es algo comprobado. El llamado hemisferio dominante, por contener el área del lenguaje, es el izquierdo en el 95% de la población.

Hay investigaciones referentes al desarrollo prenatal y su relación con la lateralidad. Los niveles altos de testosterona en la madre gestante afectarían la lateralización cerebral por un aumento del cuerpo calloso y una reducción del hemisferio izquierdo, lo cual llevaría a un incremento de individuos zurdos.

En contraposición, otros autores refieren que bajos niveles de testosterona prenatales inducen a un cuerpo calloso con un istmo más grande y un reducido desarrollo témporo-parietal, lo cual origina una menor asimetría funcional y, en consecuencia, un incremento de individuos zurdos. Un ejemplo de esto son las personas con síndrome de Klinefelter, una patología que conlleva niveles bajos de testosterona, que tienen mayor probabilidad de ser zurdas.

También hay que decir que, al disminuir la luz solar en los meses de invierno, se altera el metabolismo de la vitamina D y esto influye en el desarrollo del sistema nervioso central del feto. En la temporada con más horas de sol, baja la síntesis de melatonina y los niveles de hormonas sexuales suben, ya que la melatonina inhibe la producción de estas hormonas. Esto influye en el desarrollo cerebral fetal, por lo que podría crecer el número de zurdos que nacen en invierno.

Durante esta temporada, las infecciones obstétricas son más frecuentes, lo cual, junto con la hipoxia, podría llevar a una transferencia de funciones del hemisferio izquierdo al derecho y desarrollar una lateralidad zurda. Además, se ha comprobado que los factores culturales, también, influyen en el desarrollo de la lateralidad.

Estudios realizados en animales revelan que la afectación del hemisferio cerebral izquierdo conlleva problemas en el sistema inmune. Cuando el afectado es el derecho no se dan estos problemas o incluso se incrementa la actividad inmunológica. En estudios con seres humanos se dan resultados discordantes, pero algunas investigaciones indican que la lateralización cerebral derecha se asocia a una mayor capacidad inmunológica.

Se ha descrito una relación entre la lateralidad cerebral y patologías del sistema inmune, con una frecuencia 2,5 veces mayor en individuos zurdos con enfermedades autoinmunes: diabetes, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, enfermedad celíaca, alergias, etc. En niños también se señala un incremento en la incidencia de rinitis alérgica, asma y dermatitis atópica. Además, en diversos estudios se indica una mayor incidencia de trastornos siquiátricos como esquizofrenia, depresión, autismo, trastorno bipolar y de personalidad.

Durante el periodo prenatal, pueden producirse eventos que trastornen el desarrollo cerebral e incrementen el número de individuos zurdos. El estrés materno y la depresión en el embarazo se han relacionado con un aumento en la incidencia de niños con trastornos autoinmunes y del comportamiento (TDAH), así como ambidiestros. En conclusión, no está claro aún cómo se establece y qué implicaciones fisiopatológicas tiene la lateralización.