Artículo de opinión

Lecciones de la pandemia para el desarrollo sostenible

Las lecciones aprendidas en esta crisis deben enseñar a las entidades públicas y privadas a realizar esfuerzos para construir economías poscovid-19 más resilientes y sostenibles, para afrontar los desafíos globales.

Es evidente el impacto negativo del COVID-19 en las economías, en las empresas y en la situación laboral y sanitaria de las poblaciones. Numerosas actividades económicas se han paralizado, esto representa una crisis de la economía de consumo que está migrando a negocios digitales o producciones y prestaciones menos globales.

A raíz de ello, las empresas han iniciado una profunda evaluación de sus estrategias de sostenibilidad corporativa en sus cadenas de suministro; y de ofertas de productos y servicios.

En este contexto, han cobrado vigencia conocidas políticas, impulsadas por organizaciones no gubernamentales mundiales, para promover producciones más limpias y consumos responsables. La pandemia también ha generado una contribución indirecta al desarrollo sostenible, ha incentivado el desarrollo de productores locales y los consumos saludables y seguros.

La crisis sanitaria ha evidenciado que las organizaciones, principalmente en economías emergentes como la peruana, no estaban preparadas para ofrecer condiciones óptimas de infraestructura médica, transporte público sostenible, de agua para todos, educación virtual inclusiva ni en políticas para mejorar la nutrición infantil o promover estilos de vida y consumo saludables. Estas carencias constituyen objetivos básicos para contribuir al desarrollo sostenible.

Respecto a las políticas de sostenibilidad corporativa empresarial, estas no solo deben considerar la ayuda social a comunidades vulnerables, sino proponer estrategias de largo plazo, que permitan asumir mayores costos por los cambios en las condiciones de la cadena de suministro internacional y local. Y, otras que aseguren el cumplimento de estándares de calidad de los servicios y productos de sus proveedores; seguridad en los procesos de producción, distribución y prestación de servicios a consumidores; y, sobre todo, de salud y seguridad laboral de los colaboradores.

Finalmente, urge un compromiso de responsabilidad social con el consumidor, en medio de la coyuntura. Deberían asumirse, como objetivos clave, el establecimiento de precios justos, la promoción de consumo responsable de bienes y servicios indispensables que no pongan en riesgo la salud de los consumidores, y la información pertinente a sus stakeholders.

Estas lecciones deben enseñar a las entidades públicas y privadas a realizar esfuerzos para construir economías poscovid-19 más resilientes y sostenibles, para afrontar los desafíos globales, donde los principales objetivos son la salud, seguridad laboral y la sostenibilidad económica de las organizaciones.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.