ARTÍCULO DE OPINIÓN

Los públicos: el reto de las instituciones culturales

Habitualmente, se piensa que contar con una institución o generar alguna actividad cultural es el fin último del accionar. Sin embargo, es tarea pendiente conocer, formar, y fidelizar al público.

Actualmente, es indispensable que una institución cultural planifique sus actividades considerando las características del público al que quiere llegar. Si bien en el pasado, -en los museos, por ejemplo-, la atención prioritaria recaía en las colecciones; hoy estos (y también los centros culturales, bibliotecas, teatros…) han vuelto su mirada hacia un componente esencial: las personas. Sin ellas, la razón de su existencia no se realiza a cabalidad, pues no cumplirían el rol educativo y dialogante al que están llamadas.

Habitualmente, se piensa que contar con una institución o generar alguna actividad cultural es el fin último del accionar. Ello ‘per se’ no forma públicos. Esa es la tarea pendiente: conocerlos, formarlos y fidelizarlos, para lograr un impacto real, a nivel individual y social, además de los cuantitativos o económicos, que también son relevantes.

Jaume Colomer (2014), destacado consultor cultural, considera que las prácticas culturales incluyen una serie de valores intrínsecos e instrumentales. Concentrándose en los primeros, destaca el “aporta[r] bienestar autotélico a nivel intelectual, sensorial y emotivo; aportar conocimiento y referentes simbólicos y estéticos que facilitan la consciencia crítica, la comprensión de realidades complejas y la construcción de sistemas de valores”; y, “la creación de una conciencia e identidad colectiva, la interiorización de valores cívicos y el desarrollo de la cohesión social”.

En los valores instrumentales, Colomer menciona la creación de riqueza, el fomento de la capacidad creativa y de innovación; y el desarrollo de otros sectores productivos. Así, para desarrollar dichos valores, al planificar una actividad, debemos considerar a qué públicos queremos impactar con ella; y, tras su realización, evaluar su alcance y efectividad.

El primer paso es conocer los intereses y demanda del público.  En nuestra ciudad, una simple observación permite percibir que las personas están ávidas de ofertas atrayentes para disfrutar en sus ratos libres. Muchas veces, solo cumplen esas expectativas en algunos espacios públicos y en los centros comerciales, cuya oferta está más orientada hacia el mainstream.

Las instituciones culturales no solo deben brindar lo que las personas demanden, deben también generar una propuesta alternativa, disruptiva, para ampliar el horizonte de sus públicos culturales y atraer otros. Es fundamental, para ello, hacer estudios de públicos para atraer también a los llamados “no públicos o con demanda inexistente” para que descubran y propongan nuevas vías de crecimiento personal y social.