ARTÍCULO DE OPINIÓN

Regalemos emociones

Regalemos a nuestros hijos detalles que aumenten su autoestima, tienen un enorme poder reforzador, la capacidad de perdurar en la memoria y la consciencia de la persona

Todos obsequiamos regalos por diversos motivos y con mucho más gusto lo hacemos cuando se trata de niños. El problema es cuando, como padres, creemos que dando constantemente cosas materiales a nuestros pequeños hijos les demostramos nuestro amor y cuanto nos importan. Ellos se acostumbran y siempre querrán algo más caro y “mejor”, convirtiendo el tener en una necesidad.

El pedagogo español Andrés París nos explica que hoy día priman los detalles materiales y que, si bien es bonito apreciar la sonrisa, sorpresa, gratitud e ilusión en el rostro del niño cuando recibe un regalo, este no tiene por qué ser muy caro ni tampoco compensar la ausencia de detalles en otros planos.

París nos recomienda dar los siguientes regalos emocionales, entre otros. Primero, el tiempo de calidad. Esto es muy importante ya que muchos padres pasan más tiempo fuera de casa o absorbidos por sus múltiples ocupaciones y dedican muy poco tiempo a conversar y saber de los sentimientos y estados de sus pequeños hijos.

Luego están los abrazos, regalo muy bonito y sentido. El contacto piel con piel y, como dice poéticamente el propio Andrés París, una unión de corazones que permite que demuestres a tus pequeños que siempre estarás ahí para protegerles, quererles y hacer que se sientan seguros.

También están los aplausos. Los niños necesitan saberse valorados y apreciados. A veces, un aplauso por un triunfo del pequeño, por un baile, por una canción, por una ayuda, etc. es un regalo emocional maravilloso.

Asimismo, debemos regalar sonrisas. A veces solo hay que mirar al niño y sonreírle, lo cual es un regalo fantástico y contagioso, ya que el pequeño también disfruta cuando se ríe. Muchos padres, por el estrés, por los problemas y otros, no sonreímos y estamos mayormente molestos, ofuscados, preocupados y más, lo cual aleja y hace sentir mal a los hijos.

Finalmente, están las notas escritas, la cual es una costumbre que se está perdiendo en cierto modo debido al avance de la tecnología y falta de interés y motivación. Una pequeña nota escrita, tal vez con un pequeño dibujo y a colores en un lugar donde el niño la pueda encontrar fácilmente es un detalle maravilloso, una sorpresa y un regalo que, sin lugar a dudas, le llenará de alegría.

Regalemos a nuestros hijos estos detalles que aumentan su autoestima, tienen un enorme poder reforzador, la capacidad de perdurar en la memoria y la consciencia de la persona que los da y la persona que los recibe desatando sentimientos agradables de cariño, ternura y amor.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas en él son de responsabilidad del autor.