Artículo de Opinión

Retos de los directivos en la pospandemia

Algunos de los desafíos son reinventarse, desburocratizar todo lo que se pueda, evaluar al máximo las situaciones, incrementar el capital intelectual y ético de la empresa, entre otros.

A través de mis conversaciones con diferentes empresarios de varios rubros y de distintos niveles, me va quedando claro que los desafíos a los que tienen que hacer frente son de índole ética. Tienen una responsabilidad muy grande en el contexto actual, y grandes retos que afrontar; he aquí algunos de esos desafíos:

1. Reinventarse. Los modelos de negocio y los proyectos empresariales tienen que ser reestructurados de acuerdo con la situación actual. Si bien no podemos detenernos a detallar todos los diseños de los modelos de negocios, sí podemos aludir a un común denominador: por una parte, está la incorporación de las nuevas tecnologías, de lo cual trataremos después; y, por otra parte, la necesidad de subrayar la relevancia de los equipos humanos.

Por eso, la primera tentación que hay que superar es el facilismo de reducir costos despidiendo personal, porque si algo se necesita para hacer frente a lo que se viene es un equipo idóneo, bien preparado y suficientemente motivado. Es probable que se tenga que prescindir de algunos; pero, no sin haber hecho antes una cuidadosa evaluación, para no desprenderse justamente de quienes se necesita para sacar adelante la empresa.

2. Desburocratizar todo lo que se pueda. En situaciones de emergencia, el modelo plano de organización es el más adecuado, ya que las decisiones se toman en equipo, el cual debe estar bien capacitado y motivado. Esta es la mejor reducción de costes: ver qué áreas sobran, si se están duplicando funciones o si se pueden integrar en una sola área. Es lo que hace más ágil el funcionamiento de la empresa o institución. Aligerar no es sólo la no acumulación en la puerta de entrada (aprovisionamiento) ni en la puerta de salida (grandes stocks), sino que es coordinar de manera más directa. Obviamente, para esto se requiere de grandes directivos.

3. Evaluar al máximo: en 720 grados. En la situación actual, no basta evaluar a los directivos ni en 180 grados y ni siquiera en 360 grados, sino de manera más profunda y amplia, ya que se precisa de directivos a prueba de fuego. Por ello, las empresas tienen que identificar su talento directivo, que no se reduce a ver quién ordena y manda. Si no se identifica este recurso en la propia empresa, es cuestión de tiempo que no lo identifiquen los head hunter, ya que el riesgo de la alta rotación de talentos será mayor en la pospandemia

4. Incrementar el capital intelectual y ético de la empresa. Sólo así, creciendo en vitalidad se podrá hacer frente a la crisis. El gran recurso humano es la inteligencia, pero hay que formarla no sólo en su dimensión científico-técnica sino en su dimensión práctico-ética, en la que la razón práctica va unida a la voluntad la cual crece y se vigoriza queriendo bienes de muy alto nivel como las personas. Por este motivo, elevar las motivaciones de los trabajadores es una tarea principal del directivo, ya que con trabajadores individualistas es muy difícil descubrir las reales necesidades de los demás, como las de los clientes, ni ponerse a su servicio.

5. Aprovechar el potencial informático y de las nuevas tecnologías. Además, deben aprovechar los potenciales financieros y los de mercado; la clave (que es transversal a todos ellos) es respetar su índole de medios y no de fines. Es decir que -por ejemplo- si bien se puede llegar al mercado por la vía de oferta mediante catálogo on line, no puede nunca suplir con ello el trato personalizado que la venta va a requerir.

De manera semejante ver como medios al capital financiero, no como fines, para usarlo en promover mayor trabajo y de mejor calidad, incluyendo a los trabajadores integralmente, invertir en ellos igual que se los acoge en el trabajo en equipo, en sus aportes, en sus iniciativas, etc.; es decir, se trata de un marco más inclusivo, dentro del cual está también el uso del dinero.

6. Consolidar la institución familiar y el papel de la mujer en colaboración con el varón. La empresa debe ayudar a la familia que no es sólo una unidad económica en donde se favorece a sus integrantes con la ayuda mutua, sino que es la que acoge al ser humano en momentos de gran amenaza debido a los vínculos tan fuertes que les une. En este sentido es mejor fomentar un “feminismo inclusivo, colaborativo e innovador” respecto del varón, y que, en lugar de enfrentarse, los lleve a colaborar para, juntos, salir adelante en estos tiempos tan demandantes.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.