Artículo de opinión

Semana Mundial de la Lactancia Materna

En esta Semana Mundial de la Lactancia Materna, hagamos hincapié en la importancia de fomentar esta actividad que protege a los recién nacidos y a sus madres.

Algunas personas ignoran la gran importancia que tiene la lactancia en la salud de todo niño y sus múltiples beneficios para el bebé y la madre. La leche materna es el alimento diseñado por la naturaleza para el niño, desde que nace hasta los seis meses de forma exclusiva como tiempo óptimo. Por diversos factores, hay quienes evitan la lactancia materna, remplazándola por fórmulas lácteas artificiales por lo que, en la actualidad, la prevalencia de la lactancia materna está bastante lejos de ser la óptima.

La lactancia tiene muchos beneficios. Por ejemplo, ha demostrado ser un factor protector contra distintas enfermedades infectocontagiosas y del espectro alérgico, así como enterocolitis necrotizante, enfermedad celíaca y frecuentes malestares inflamatorios intestinales. La alimentación con este tipo de leche ha mostrado ser un factor protector contra infecciones intestinales y respiratorias.

La protección específica del lactante por la leche materna se ha atribuido a la presencia de inmunoglobulina A (IgA), producida por la leche de la madre, que es el compuesto inmunoquímico que forma parte de la primera línea de defensa de la mucosa intestinal del recién nacido contra gérmenes capaces de invadir el epitelio. Su principal función es bloquear la adherencia de agentes patógenos a la mucosa intestinal.

La presencia de los anticuerpos IgA es en respuesta a los antígenos que penetran al organismo de las madres por vía espiratoria e intestinal, de la presencia de microorganismos del entorno que habita, por lo que es un hecho que la leche materna provee a los niños protección específica contra agentes potencialmente patógenos presentes en el ambiente.

Además, contiene numerosos factores de defensa inespecíficos que también protegen a los recién nacidos contra bacterias y sustancias extrañas. Así, se suma a los mecanismos de defensa contra enfermedades infecciosas y reduce el riesgo de alergias.

Asimismo, la lactancia, tiene un impacto positivo en el neurodesarrollo del niño, mejora el coeficiente intelectual y puede disminuir el riesgo de otras condiciones, como el déficit atencional, trastornos generalizados del desarrollo y alteraciones de conducta. Según estudios realizados por centros de investigación serios, la lactancia materna puede prevenir en un 13% la mortalidad infantil en el mundo, así como la muerte súbita del lactante, en casi un 36%.

Además, la lactancia implica cierto ahorro económico directo en el hogar al no usar fórmulas lácteas y mamaderas, así como un ahorro indirecto en costos de salud asociados a la alimentación con productos lácteos artificiales. Y es medioambientalmente amigable, pues no deja trazos de huella de carbono en su producción y consumo.

Por otra parte, el uso de fórmulas lácteas y de mamaderas tienen otros riesgos asociados, como el aumento de las alteraciones morfológicas de la cavidad oral de los bebés, así como de otras molestias, como respiración bucal, mala oclusión, alteración de la mordida y la aparición de caries. También, en otros casos, el uso de leches artificiales como sustitutas de la materna, puede afectar negativamente la microflora intestinal, la oxigenación y la termorregulación de los lactantes.

En esta Semana Mundial de la Lactancia Materna, hagamos hincapié en la importancia de fomentar esta actividad que protege a los recién nacidos y a sus madres.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.