GRAVITAS

Adolfo Suárez y el regidor municipal

“Un político no puede ser un hombre frío. Tiene que recordar que cada una de sus decisiones afecta a seres humanos. A unos beneficia y a otros perjudica. Y debe recordar siempre a los perjudicados”.

Tengo un profundo respeto por el talante, liderazgo y la invaluable capacidad política de quien en vida fue Adolfo Suárez. Siempre lo recuerdo y veo cada vez que puedo sus discursos parlamentarios. Decía, el desaparecido jefe de gobierno de la transición española, que “un político no puede ser un hombre frío. Tiene que recordar que cada una de sus decisiones afecta a seres humanos. A unos beneficia y a otros perjudica. Y debe recordar siempre a los perjudicados”.

Por otro lado, en mi casi mayoría de edad, y siempre continuando con mis revelaciones interiores, admiré la valentía de un regidor municipal de mi ciudad que se puso al frente de la burocracia local para impedir que el rio desbordado llegase a los límites urbanos, en medio de un descontrolado Fenómeno de El Niño. Su tesón y silenciosa entrega en los trabajos de contención, a pesar de que éstos no le incumbían, finalmente, sólo le merecieron un mustio agradecimiento de sus vecinos.

Ambos personajes son la antítesis de los políticos y funcionarios públicos involucrados en la vacunación ilegal. Son los ejemplos inversos a los segundos, en tanto, pertenecen al grupo de privilegiados que trascienden y son recordados en las mentes de muchos, incluso a pesar de ser lejanos para quienes los evocan. Ambos señores son la ecuación de servicio, valentía y entrega por otros, que no tuvieron (ni tendrán) los favorecidos por una inmunización acelerada, ruin y a hurtadillas.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.