03 Mar

La educación superior cara al Bicentenario: un propósito

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Foto: Archivo UDEP.

Libertad, autonomía y participación constituyeron el eje de las demandas promovidas por los estudiantes durante la reforma universitaria entre 1918 y 1919 en el continente americano. Cien años después, las instituciones de educación superior han incorporado un cuarto propósito: la calidad.

La declaración mundial de la Unesco (1998) sostiene que la calidad de la enseñanza debe “comprender todas las funciones y actividades” de la educación superior del siglo XXI. En respuesta a tal requerimiento han surgido una serie de organismos públicos y privados encargados de realizar los procesos de evaluación y acreditación de esta enseñanza (en nuestro país lo realiza el Sineace, creado en el 2006).

Pero, el camino hacia la calidad de la enseñanza superior en el Perú ha sido largo y no exento de vaivenes. En los últimos treinta años, se han evidenciado importantes transformaciones que cambiaron este panorama: la democratización del acceso en los años setenta, la introducción de la tecnología y la multiplicación de las universidades e institutos superiores privados desde los años noventa, hasta la actual orientación hacia el mercado laboral.

A la par, se suscitaron serios problemas: la masificación de las universidades, la escasa o nula inversión estatal en la educación superior pública, la hiperespecialización académica, la pauperización y/o desactualización de los contenidos programáticos, el freno a la investigación y el surgimiento de ofertas pseudo universitarias… aspectos que  impactaron en distinto grado y tiempo en la calidad del servicio académico, en los planes de estudio o en el sistema de créditos, ocasionando una brecha de desigualdad en el acceso y en la calidad de la enseñanza recibida por los estudiantes.

Ante esta situación, la acreditación se plantea como un medio para lograr el aseguramiento de estándares de calidad en los servicios ofrecidos. Bravo por ello. Sin embargo, no es el fin del camino. Más bien, debe ser el punto de partida para lograr un objetivo mayor: aquel que persigue la mejora continua.

El Bicentenario patrio es el momento adecuado para que las instituciones de educación superior, universitaria y no universitaria, se planteen un nuevo propósito: el compromiso por la mejora continua. Calidad y mejora continuas en todos sus ámbitos: académico, al introducir modelos pedagógicos centrados en el estudiante; tecnológico, incorporando la virtualidad como herramienta; de investigación, fomentando la interdisciplinariedad; de gestión, haciendo participar al personal en el diseño de los planes de mejora; y social, promoviendo valores como el diálogo, el respeto mutuo y la interculturalidad.

El reto del Bicentenario, para las instituciones de educación superior, es el compromiso con la democracia y la ciudadanía. Así, la mejora institucional redundará en beneficio de la sociedad.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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