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Nov

2023

Artículo de opinión

El desarrollo humano integral, más allá de las materialidades

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Por lo general, asociamos los términos “país desarrollado” con una buena educación de su población o a una excelente red de atención sanitaria, e -inclusive- a las altas tasas de felicidad de sus habitantes.

Por Alberto Requena. 21 noviembre, 2023. Publicado en El Tiempo, el 21 de noviembre de 2023.

Y, es correcto; como lo es que el desarrollo posee una parte material relacionada con el “tener” o “poseer”.

Por ello, no mentimos si afirmamos que una persona ha alcanzado desarrollo si cuenta con ciertos elementos materiales para llevar una vida de calidad. Sin embargo, estas materialidades no son las únicas involucradas en su progreso.

Durante años, se vinculó al desarrollo con el crecimiento económico. A más dinero, mejores condiciones de vida. Así, el Producto Bruto Interno (PBI) o el poder adquisitivo eran los mejores indicadores de progreso y bienestar.

Hacia los 80, esto cambió. Las transformaciones generadas por la globalización mostraron que la economía no era suficiente. Había que prestar atención a otros elementos para comprender los fenómenos que impedían el progreso de las sociedades.

La educación, la política o la ecología se convirtieron en los nuevos intereses, inclusive, se llegó a pensar que faltaba contemplar la dimensión cultural del desarrollo humano. Como fuera, había que reconocer que abordar a la persona desde una mirada segmentada no era lo correcto, sino que debía estar en el centro del desarrollo. Este, debía llevar a los individuos no solo a través de metas u objetivos muy bien intencionados, sino que, necesitaba ser entendido desde fines mayores, trascendentes. Había que alimentar el querer “ser” de las personas y no limitarlas al “querer tener”.

Este enfoque, que supera la mirada material, segmentada y técnica del desarrollo, ha sido abordado largamente desde la Doctrina Social de la Iglesia. A través de las encíclicas de los papas Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI o Francisco, se ha reclamado entender el “florecimiento de las personas” como un hecho auténtico e integral.

Auténtico, porque el desarrollo debe ser verdadero; es decir, unir esa dimensión material e inmaterial, mirando la realidad, pero enfocada en fines mayores. Es correcto aspirar a poseer una vivienda, pero lo es también, querer ser un buen vecino.

El desarrollo es a su vez integral, porque entiende a la persona como el fin del desarrollo y no solo como su medio; no la desarticula, sino que comprende la complejidad de la naturaleza humana, que no es solo un ser económico, político o educativo, aisladamente.

Si bien la Doctrina Social de la Iglesia no es un conjunto de soluciones prácticas a seguir, como los planes de las políticas públicas, su nivel de reflexión sobre los asuntos del desarrollo integral de la persona -es tan completo- que merece más estudios, investigaciones y divulgación.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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