Machu Picchu: una maravilla por descubrir

Por Diana Anuska Aguirre Manrique

Se ha escrito mucho en estos últimos días sobre Machu Picchu, debido a la celebración –el 7 de julio- del día central que conmemora a la fecha en la que fue reconocida como una de las siete maravillas del mundo. Sin embargo, cabe precisar que fue el 24 de julio de 1911 cuando Hiram Bingham llegó a Machu Picchu, motivado por el afán de  encontrar la ciudad de Vilcabamba, último refugio de los Incas.

Bingham investigó, leyó las crónicas y emprendió la búsqueda, sin saber que encontraría algo que sería mucho más trascendental. Por tanto, es justo reconocerle el haber persistido en la búsqueda pese a las dificultades que se le presentaron en los varios días y noches de osadas incursiones y de entrevistas a los pobladores. Así, ya en el tramo final, gracias a la colaboración de Melchor Arteaga, llegó al lugar donde, según los lugareños, había unas “ruinas”.

Acompañado por un niño guía, se adentró entre la enmarañada vegetación: halló las construcciones, observó el paisaje, recorrió las escalinatas, tomó fotografías y quedó prendado, llegando a afirmar “En la variedad de su hermosura y el poder de su hechizo, no conozco lugar en el mundo que se le pueda comparar”. Volvió con un equipo especializado y al ir quitando la vegetación descubrió para el mundo lo que la naturaleza, tal vez con ayuda de los Apus  y la Pachamama, había guardado como un tesoro de un pasado que hoy nos enorgullece.

Es por eso que más allá de la polémica de si fue o no un descubrimiento propiamente dicho lo que ocurrió  hace 100 años, debemos preguntarnos ¿realmente hemos descubierto Machu Picchu? ¿Conocemos sus valores? ¿nos identificamos con ellos?

Nueva visión de gestión
Las  estadísticas ubican a Machu Picchu en los primeros lugares de preferencia de los turistas y, que cada vez, se incrementa el número de visitantes y los ingresos económicos. Según la Dirección Regional de Cultura de Cusco, recibió 113 709 visitantes durante el primer trimestre del 2011, y el dinero recaudado sobrepasa los 18 millones 435 mil 532 nuevos soles. Sin embargo, dar a conocer Machu Picchu no debe basarse sólo en las campañas de publicidad o en una mera promoción turística, sino en una gestión integral y sostenible.

Es sabido que las poblaciones locales se benefician muy poco de estos cuantiosos ingresos, no se invierte en programas sociales-educativos necesarios para mejorar la calidad de vida, sino que está orientada netamente a la inversión en servicios de transporte, hostelería y agencias de turismo. Todo esto genera empleos e ingresos sin duda, pero qué tan sostenible es esta gestión cuando vemos que no se controlan los costos cobrados, que ponen fuera del alcance de la visita a la mayoría de los peruanos; cuando se sigue incrementando la capacidad de carga del lugar, cuando el poblado de Aguas Calientes, hoy llamado Machu Picchu, se asienta en una zona de riesgo por inundaciones y sin condiciones para constituirse como un poblado seguro.

Hace falta que se tome en cuenta, por ejemplo, El Plan de manejo (1998) que limita a 2 500 el número de visitantes por día, los informes posteriores que recomiendan reducir este número y la alerta que ha hecho la UNESCO en dos ocasiones, de incluir a Machu Picchu en la lista de Patrimonio en peligro.

Parece haberse olvidado que este lugar fue sagrado, construido como sitio de descanso y meditación para el Inca Pachacútec. Por ello, es primordial que descubramos en Machu Picchu algo más que un recurso turístico pues, ante todo, es nuestro patrimonio y, como tal, es una herencia que hemos recibido para cuidarla y conservarla y no para sobre explotarla. En la actualidad contamos con muchas herramientas para que, con una adecuada gestión, Machu Picchu pueda ser generadora de un verdadero desarrollo.

El potencial educativo
Es una realidad que la mayoría de escolares desconoce a profundidad los valores que sustentan su fama internacional; nos quedamos en lo superficial, desaprovechando las grandes posibilidades educativas que nos ofrece el patrimonio.

Machu Picchu es una fuente inagotable de conocimientos para extraer diversos contenidos conceptuales que pueden ser abordados por las distintas asignaturas (transversalidad) de una manera programada, dosificada y atractiva. Las rocas (con sus formas y ángulos), el agua, la flora y fauna endémica, el cañón del río Urubamba, la religiosidad, las montañas, los canales y fuentes, etc., son sólo algunos ejemplos de recursos del lugar con una temática interesante para los alumnos. Además, está la posibilidad de desarrollar habilidades como: investigación, análisis, síntesis, comparaciones, imaginación, entre otras. Lo más importante es que hablar de Machu Picchu despierta valores como: la admiración, el sentirse orgulloso por nuestro pasado, el respeto por nuestra cultura; es decir, identidad cultural que tanto necesitamos cimentar en la sociedad actual.

Para finalizar, es importante recalcar que descubrir además dehallar lo que estaba ignorado o escondido”, significa también revelar significados; y  en ese sentido, aún falta mucho por descubrir o hacer descubrir, como esos valores que posee y que nos hablan de la grandeza de los hombres que nos antecedieron. Es momento de reflexionar sobre el tema y emprender acciones desde diferentes campos para hacer de Machu Picchu un lugar conocido, aprehendido y querido; es decir, para lograr un verdadero descubrimiento.

Docente.

Facultad de Humanidades.

Universidad de Piura.

Artículo publicado en el suplemento SEMANA, diario El Tiempo, domingo 31 de julio de 2011.

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