A las madres que «solo» trabajan en casa

Hace un tiempo me indigné por un meme que decía: "Mujeres, agarrar calle porque la casa embrutece, envejece y nadie te lo agradece». Una ofensa hacia las madres que no trabajan fuera de casa".

PorelPaola Celi, en diario El Tiempo.

Actualmente, se habla del empoderamiento económico de la mujer como una solución a la desigualdad. Se busca que cada vez más mujeres entren al campo laboral. Perfecto. Pero no debemos minimizar el rol de las madres (como la mía) que se encargan exclusivamente del cuidado del hogar. Tampoco debemos afirmar que la casa embrutece porque estas madres gozan de un océano de sabiduría que no se puede aprender en ninguna universidad o instituto.

Es cierto que las madres envejecen (todos lo hacemos), pero de la forma más noble que pueda existir. Sus arrugas y sus canas representan la lucha constante por el bienestar de sus familias. Son consecuencia del difícil ejercicio de la autoridad que nos ha forjado como personas de bien. Las amas de casa envejecen porque trabajan sin horario establecido (son las primeras en despertarse y las últimas en acostarse); cumplen varias funciones al mismo tiempo, como cocinar, lavar y cuidar a los hijos simultáneamente; y son nuestras maestras, enfermeras, psicólogas, amigas, etc. Hacen todo esto y mucho más sin un pago mensual.

Nosotros, conscientes de que nunca podremos devolver lo que nos han entregado, nos esforzamos por verlas felices y las llenamos de regalos, sobre todo, en su día. Aunque, probablemente, el mayor regalo de una madre sea la satisfacción de haber criado a sus hijos; por lo que es nuestro deber vivir como personas íntegras y, de esa manera, recompensar su sacrificio.

Sabemos que las madres que trabajan fuera del hogar también son maravillosas. Nadie podría negarlo. Sin embargo, en esta ocasión quiero revalorizar a las madres que se dedicaron exclusivamente al cuidado del hogar. Que la lucha contra el machismo y la desigualdad no nos envuelvan en frases desagradables como «las mujeres de antes solo se quedaban en casa» o «la casa embrutece». Cambiemos esas frases por un sincero ¡Te quiero, mamá! ¡Gracias por todo!


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