Tómate tu tiempo. La importancia del “slow living”

Contra el monstruo de la rapidez del mundo actual, se puede practicar la "filosofía slow o slow living" que promueve un estilo de vida en el que podamos imponer nuestros tiempos y ritmos.

Por Paola Celi.

¡Qué rápido se pasó este mes! Una frase muy común mencionada cada fin de mes y que solo cambiamos por ¡Qué rápido se pasó el año!, cuando este acaba. Reflexionaba sobre esto mientras leía  Elogio de la lentitud de Carl Honoré, obra en la que se advierte sobre los peligros de ir demasiado rápido, con un ritmo de vida que conlleva al estrés constante y a perderse los detalles de cada momento.

¿Por qué nos parece que el tiempo pasa más rápido que nunca? Porque vivimos muy rápido. Hacemos mucho en poco tiempo, sin pensar en la calidad del producto. Producimos más, pero ¿producimos mejor? Pisamos el acelerador cada mañana y, aun así, rogamos que el día tenga más horas porque no nos alcanzan 24.

Contra el monstruo de la rapidez del mundo actual, se puede practicar la filosofía slow o slow living (cuyo origen es el movimiento Slow Food de Carlo Petrini), que promueve un estilo de vida en el que podamos imponer nuestros propios tiempos, realizar las actividades a un ritmo rápido o lento, de acuerdo a nuestra valoración y no a la que nos imponga la sociedad. Esta filosofía va cobrando más adeptos, quienes también son conscientes de que vivir equilibrando la lentitud y la rapidez es un cambio radical que se inserta a paso lento en la sociedad.

Desde luego, el slow living exige organización en las actividades diarias y en las que son parte de las  metas a corto y largo plazo, Me ha pasado en alguna ocasión que invertí muchos tiempo preparando las primeras clases de mi curso antes de que empiece el ciclo, pero conforme pasaban los días no solo tenía que preparar clases, sino también corregir exámenes, asesoras alumnas, etc. El tiempo se acortaba y yo iba acelerando todo. Apenas empezaba el lunes y al otro día era viernes; además, tomaba los sábados y domingos para terminar los pendientes. Seguramente a mis colegas, mis alumnos y, en general, a mis lectores les ha pasado algo similar. Sin organización no hay slow living.

La organización y la distribución del tiempo para nuestras actividades depende de otro factor muy importante: el conocimiento de uno mismo. Solo yo sé cuánto demoraré en preparar una clase, el tiempo que invierta no será el mismo para mis colegas. Este es el objetivo del slow living: “Lo que puedas hacer rápido, hazlo rápido. Lo que puedas hacer lento, hazlo lento”. Y solo yo sé cuántas actividades (partiendo de las familiares que son las más importantes) puedo desarrollar por día, de tal manera que ponga todos mis sentidos en cada una de ellas, que “las viva”.

Otro ejemplo sería que si un estudiante tiene un mes para redactar un ensayo, deberá prever el tiempo que dedicará a esta tarea (que no será el mismo para sus compañeros) de modo que la desarrolle tranquilamente y, en consecuencia, redacte un ensayo de calidad (de acuerdo a su nivel). Pero ciclo tras ciclo se puede percibir lo contrario: alumnos haciendo trabajos a última hora, aunque el profesor los haya dejado con una semana o un mes de anticipación.

Ambos ejemplos pueden desencadenar fácilmente situaciones de estrés y agotamiento, que no hacen más que mermar nuestras capacidades y convertirnos en estudiantes o trabajadores ineficientes.

Entonces, cualquiera sea tu papel en este mundo, concéntrate al máximo en cada actividad. Practica el slow living. No vivas tan acelerado porque sentirás que los días pasan como si fueras un simple espectador y no un protagonista. ¡Organízate y tómate tu tiempo!


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