Matrimonio… la vigencia de una promesa en el día a día

¿Es posible amarse para siempre, manteniendo la promesa del día de la boda? Superar las barreras dependerá de conocerse uno, uno al otro, y vivir ese compromiso toda la vida.

Por Tania Elías.
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¿Es posible amarse para siempre, manteniendo la promesa del día de la boda? Un “sí acepto” y una firma en un papel son importantes para empezar a formar el matrimonio, pero superar las barreras dependerá de conocerse cada uno, uno al otro, y vivir como esposos ese compromiso asumido para toda la vida.

La celebración de un matrimonio genera entusiasmo y alegría, tanto en contrayentes como en familiares y amigos. Sin embargo, pasado el día de la boda, la realidad marca el verdadero sentido del matrimonio: cumplir la promesa es el reto.

El director del Instituto de Ciencias para la Familia (ICF), doctor Paul Corcuera García, precisa que una persona no se casa solo porque ama a otra en un momento determinado, sino porque desea seguir amándola durante toda su vida. Es decir, “me caso porque quiero poner todos los medios que estén a mi alcance para seguir amándote a pesar de los avatares que la vida nos presente. Mi intencionalidad actual se juega en esto y será menos difícil si ambos asumimos este compromiso”.

No todo es fácil

Paul Corcuera García, director del Instituto de Ciencias para la Familia (ICF).
Paul Corcuera García, director del Instituto de Ciencias para la Familia (ICF).

En el contexto actual, el doctor Corcuera García reconoce que el matrimonio debe superar algunas amenazas, como el influjo creciente de los medios de comunicación social que ofrecen una falsa idea del amor humano, del matrimonio y de la familia. También están las políticas empresariales que muchas veces dificultan una integración adecuada entre familia y empresa y genera tensiones grandes, a veces irreconciliables. “Pensemos, por ejemplo, en horarios de trabajo extensos, viajes de negocio, presión excesiva por resultados a toda costa, etc.”, dice. Incluso, muchas veces, también las políticas públicas afectan la imagen de la familia y su papel decisivo en la sociedad; cita los trámites rápidos de divorcio, planes que fomentan el aborto, las uniones civiles, etc., que socaban el respeto por la vida y la indisolubilidad matrimonial.

A estas amenazas se suman otras que afectan de forma más directa al núcleo de la relación conyugal, como la rutina en el matrimonio, y origina que los esposos muestren una versión cansada, empobrecida de sí mismos. “Es lo contrario del amor, que es novedad permanente. La cuestión es cómo hacer nuevo aquello que de suyo exige un roce permanente; es el sentido de la virtud”, reflexiona Corcuera. Pero lo fundamental, a su juicio, “no es entender qué es el amor humano, que no es solo sentimiento aunque puede tener un peso importante en algún momento de la relación, sino un ejercicio de virtud por preferir al otro antes que a uno, con independencia del estado de ánimo, de la salud. Es una lógica distinta a la del negocio”, enfatiza.

Superando las barreras

María está emocionada. Va a casarse y tiene claro que su novio, Raúl, la va a apoyar en todo; compartirá con ella los quehaceres de la casa, la toma de decisiones. Siente que no va a estar sola… Raúl ha decidido libremente casarse con María porque está convencido de que también la ama. Sin embargo, a diferencia de lo que espera María, él quiere una compañera que lo engría y asuma el manejo de la casa, desde los quehaceres hasta las finanzas.

Ya casados, lo que le pasa a María y Raúl los pone en una encrucijada, considera la psicóloga Caridad Ruesta Maticorena, del Policlínico de la Universidad de Piura. Los dos están convencidos de amarse; decidieron libremente casarse, pero sus expectativas no han sido consensuadas.

Ahora deberán unirse para lograr las metas que seguramente proyectaron cuando eran novios, pero que dependerán de la entrega de cada uno por el otro: la familia con el número de hijos que les gustaría tener, el proyecto de casa que quieren construir, la organización en las tareas para compartir las responsabilidades, el crecimiento y desarrollo profesional de cada uno, los valores a los que se les dará jerarquía.

“Ella y él tienen que conversar… Eso es el matrimonio. Deben mostrar la capacidad de entrega que tiene el uno por el otro; entender que el diálogo y la conciliación son importantes y que no dependen de uno, sino de ambos. Es el desprendimiento porque uno y otro se aman”, agrega la psicóloga.

En la orientación que suele darle a algunas parejas, la especialista deja claro que la luna de miel o la boda dura un día, mientras que el matrimonio es para toda la vida. “Las parejas tienen diferencias y desacuerdos: la clave no reside en no tenerlos sino en cómo lidiar con ellos. Las parejas que permanecen juntas aprenden a transformar el amor romántico (de estrellas, de cine…), en un amor real, comprometido y maduro”.

Sobre este punto, el doctor Paúl Corcuera precisa que es necesario reflexionar sobre lo que significa el compromiso asumido a través de la promesa matrimonial, el cual requiere de fortaleza para luchar en serio y juntos sacar adelante la familia. “Nos olvidamos con frecuencia que la familia es trabajo; no es algo que se da espontáneamente y porque estamos casados todo se resuelve de manera mágica. Todos los sentidos de previsión, control, comunicación, planeamiento, motivación, etc. que suelen ponerse, por ejemplo, en una empresa, deben poder aplicarse también a la realidad familiar”, indica el director del ICF.

La esencia

Rosario de la Fuente Hontañón, especialista en derecho de familia.
Rosario de la Fuente Hontañón, especialista en derecho de familia.

Comprender lo que es el matrimonio, desde su esencia, y recordarlo permanentemente ayudará a los esposos a vivir la promesa realizada en la boda. “La unidad (un solo varón y una sola mujer), y la indisolubilidad (para toda la vida) son las dos propiedades del vínculo conyugal. De igual manera, el profesor Francheschi resalta que la unidad conyugal implica también la exclusividad de la donación de sí en la propia condición masculina o femenina”, comenta la doctora Rosario de la Fuente Hontañón, especialista en Derecho de Familia.

Para ella, el deber de la fidelidad matrimonial, que no es solo moral sino estrictamente jurídico, encuentra su fundamento en la donación y aceptación de la persona misma, en su conyugalidad, pues las personas son el objeto del pacto matrimonial. “Aquella organización de la familia constituida sobre la unidad de la pareja conyugal es más conforme con la dignidad de la persona humana, que aquellas otras formas de organización que se asientan sobre modelos polígamos o poliándricos”, enfatiza.

En el matrimonio, dice la jurista, se establecen derechos y deberes personales, tales como la cohabitación, la fidelidad, la asistencia mutua. “Por ello, la infidelidad es un incumplimiento de los deberes asumidos y, lamentablemente, ocasiona la mayoría de las rupturas matrimoniales”.

Es uno y libre

Gloria Huarcaya de Garay.  Instituto de Ciencias para la Familia (ICF).
Gloria Huarcaya de Garay. Instituto de Ciencias para la Familia (ICF).

¿Matrimonio religioso, matrimonio civil? Cuando los novios expresan el deseo de casarse, algunos se plantean la elección entre uno y otro. El documento “Matrimonio y bien común: los diez principios de Princeton”, elaborado el 2004 por especialistas en historia, economía, psiquiatría, derecho, sociología y filosofía, deja claro que estos “no pueden estar rígida y totalmente disociados el uno del otro”.

Gloria Huarcaya Rentería, del ICF, señala que antropológicamente el matrimonio es uno solo. Su significado se asocia con el de una promesa porque sus propiedades y fines están inscritos en la ley natural. “En cualquier cultura o religión, el matrimonio reclama la unidad y la indisolubilidad; la unión de un varón y una mujer, que se entregan total y mutuamente, abiertos a la vida y para siempre”, refiere.

La Mgtr. Huarcaya deja claro que el matrimonio no puede asociarse a una pérdida de libertad pues “para realizar el pacto conyugal, necesitas ser muy libre para expresar de manera eficaz la voluntad de contraer matrimonio. Y, para hacer esa promesa de amor incondicional se debe tener la capacidad de amar, de haber madurado, conocerte y asumir la promesa como un compromiso real, sobre todo de ti mismo”.

Según el rito del matrimonio, cuando uno se casa se compromete a amar y respetar al otro, todos los días de la vida, en la riqueza, en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. “Es el amor completamente incondicional”, precisa Huarcaya Rentería.

Señala que la expresión del consentimiento es la que le da valor al matrimonio, ya que hay un pacto conyugal. “Al ser uno mismo el objeto del contrato, se forma un vínculo que, por recaer en el mismo ser, es indisoluble. Dos se hacen uno”, precisa.

La felicidad se descubre

¿Cómo se logra la felicidad en un matrimonio? ¿Hay matrimonio feliz? El doctor Corcuera asegura que la felicidad es la ambición de todos. En el caso del matrimonio, se debe ir descubriendo: “nuestra realidad nos muestra que no hay matrimonio perfecto, porque no lo son las personas que lo componen. Con todo esto, podemos ir ayudándonos entre todos para ser un poco mejores cada día; y si se falla, corregimos. Esta es una bondad y una riqueza del amor en común”.

Agrega que la felicidad en el matrimonio es vivir el amor de la manera más plena posible. Es, como expresaba San Agustín, una cuestión de tres: el amante, el amado y el entrelazamiento o unión. “Es fundamental entenderlo así, porque la unión implica poner como predilecto al amado, pasando uno a un segundo plano y, curiosamente, ello desarrolla la virtud y nos va facilitando el acercarnos a la felicidad. El amor es el autorretrato más fiel del hombre, como imagen de Dios, como ser llamado a la comunión, en modo análogo a la unión de amor trinitario”, remarca.

Para la doctora De la Fuente, el varón y la mujer deben ir al matrimonio a iniciar un camino que deben recorrer juntos. “Es una tarea en común, una donación permanente de ambos cónyuges en la búsqueda de su felicidad y la de la familia que conforman. Hay muchos testimonios de matrimonios que han celebrado bodas de plata o de oro, y son verdaderos modelos. Hay que dejar de lado el yo (el egoísmo, hedonismo) para conjugar el tú y el nosotros. Esa es la receta”.

Todos los días de mi vida

La promesa que se hace el día del matrimonio estará vigente toda la vida. ¿Cómo lograrlo? Para el doctor Paul Corcuera, una primera pista para facilitar este compromiso, es que cada uno se reconozca tal como es, porque se ama como uno es.

“No esperemos perfecciones “nuestras o del cónyuge” y menos esperemos hasta encontrar la pareja ideal. Si nos aceptamos con nuestras bondades y limitaciones, es más fácil recorrer juntos el camino, ayudándonos a crecer. Esto tiene que ver con la perpetuidad. Cuando dos personas se aman, desean que aquello que les pasa (que no saben explicar del todo) no termine nunca, porque los niveles de felicidad son altos. Si se entiende así, solo la muerte o la imposibilidad física pueden frenar la fuerza arrolladora de un amor vivido intensamente en este mundo”, concluye.