Convirtamos nuestro hogar en una escuela de virtudes

Por José Rimarachín.

Mayo es el mes del trabajador y de la madre, quizás sea una simple coincidencia, pero en la vida real ambos términos parecen estar tan estrechamente relacionados. Cuando viene a mi mente mi madre, me es fácil recordarla y admirarla -como cualquiera de nosotros lo haría- por su trabajo abnegado (en casa o fuera de ella) haciendo lo imposible por los suyos.

Hoy más que antes, hombres y mujeres conjugamos en nuestra vida la dedicación a un doble trabajo: en el hogar y fuera de él. Ambos importan, ambos demandan tiempo, pero es inevitable que nos invada un sentimiento de culpa cuando al final del día nos examinamos y constatamos que, es a los nuestros, a quienes menos energía hemos dedicado.

Ante esa triste realidad, ¿qué podemos hacer?
El recientemente publicado, segundo informe del Global Home Index (GHI), una visión desde Latinoamérica, aplicado por el ICF en Perú, y con información de más de 400 personas arroja muchas pistas.  El 91 % de los varones y el 78 % de las mujeres en el Perú cuentan con un trabajo externo. A pesar de esto, la mayoría de los participantes tienen una valoración positiva de las tareas del hogar y advierten los beneficios de vivir en familia y participar en su atención.

Los datos dicen que el 78% están “totalmente” o “bastante de acuerdo” en que para ellos “es importante dedicarse a estas tareas” y el 90% concuerda “bastante” o “totalmente” en que “vivir en familia y participar de las tareas domésticas ayuda a desarrollar competencias para otras áreas de la vida.”

Lo que falta es tiempo
¿Y si son tan importantes, por qué no nos dedicamos más a ellas? Los encuestados advierten la escasez de tiempo para realizar estas labores, así como la poca valoración socio cultural de las mismas.

Otro punto importante es que las mujeres encuestadas dedican más horas semanales a las tareas domésticas (21 horas) que sus pares varones (14 horas), resultado que coincide con la tendencia nacional (INEI 2011).

Profesionalizar las tareas del hogar
Sobre este punto conversaba hace poco con una amiga. Le comentaba cuán agotadores y caóticos resultan a veces los fines de semana en casa con los niños. Ante mi queja, ella respondió: “lo que te hace falta es profesionalizar el trabajo en el hogar”. ¿A qué se refería?, ¿debo contratar una niñera profesional?, ¿una empleada doméstica profesional?

No, se refería a que debemos aprender a realizar, de la mejor manera posible, todo el trabajo del hogar. Parece simple pero no lo es, y es que llevar a cabo personalmente las tareas domésticas o dirigir su ejecución implica tener conocimientos básicos adecuados para aumentar la posibilidad de “saber hacerlas” bien.

Es decir, no solo se trata de hacer las cosas, sino de hacerlas bien. Por ello, en el estudio del GHI se les preguntó a los participantes si dedicaban tiempo a capacitarse en tareas asociadas al hogar. Llámese cursos de cocina, de administración y finanzas del hogar, de electricidad, entre otros.

Las respuestas permiten observar que existe una gran oportunidad para profesionalizar las tareas del hogar, pues poco más de la mitad de los participantes (56 %) nunca o pocas veces ha recibido formación al respecto, a pesar de su significativo involucramiento en las tareas domésticas y de su alto nivel educativo (universitario o de posgrado).

Y es que en la práctica le atribuimos menor importancia a las tareas domésticas. Pero ojo, aquí debemos resaltar que las labores del hogar, como todo trabajo y más aún por su dimensión empática (ponerse en el lugar del otro) y práctica, exigen un aprendizaje y una formación continua. Más aún, haría más eficiente la gestión del tiempo, el recurso más anhelado.

Distribuir las tareas
Otro punto que llama mi atención del estudio GHI está relacionado con la distribución de los asuntos domésticos; solo poco más de la mitad de los participantes distribuye frecuentemente estas tareas entre otros miembros de la familia, de acuerdo con sus edades, capacidades y gustos.

Esto constituye todo un reto por conseguir: es importante lograr la participación activa de todos los miembros en el hogar, estando atentos a servir más y mejor a los suyos, aunque algunos dispongan de una trabajadora doméstica para atender las tareas del hogar.

Transmitir valores haciendo hogar
¿Y por qué es tan importante vivir en familia y participar en su atención? Aquí está la clave: Un hogar “bien llevado” exige un mínimo de organización, de profesionalidad, y promueve una serie de virtudes como son la puntualidad, el orden, el espíritu de sacrificio, la generosidad, la diligencia, entre otros.

Los padres deberíamos darnos cuenta de que la vida cotidiana en el hogar transmite valores de un modo mucho más eficaz que los libros o las charlas: cuando los hijos ven coherencia y ejemplo, los valores no solo se participan, sino que “calan” en los hijos.

Entonces, como dije antes, no solo se trata de hacer las cosas, sino de hacerlas bien. “Profesionalizar”, aquella palabrita que surge como receta mágica, se refiere a realizar las tareas del hogar de manera organizada, respetando horarios, rutinas, administrar bien los recursos (siempre escasos), distribuir adecuadamente las tareas entre los miembros de la familia (según sus edades). El resultado es que convertimos nuestro hogar en una escuela de virtudes.

Ahora cobra sentido para mí, aquella frase: “Los hijos no te dejan hacer nada… nada que no sea ser mejor”

Es hora de darle a nuestro hogar el lugar que se merece. ¿Acaso no vale la pena dar lo mejor por nuestra familia? El trabajo nos da satisfacciones personales, pero ninguna de estas equivale a la satisfacción que nos puede dar disfrutar de un matrimonio sólido, de hijos bien educados, amables, solidarios, generosos, llenos de virtudes que posibilitarán una vida futura con un sentido de plenitud.

Es necesario aprender lo que nos haga falta saber. Dejar de lado la vergüenza (o el machismo para algunos) y remangarnos la camisa. Por ejemplo, si no sabemos cocinar hay un montón de recursos para aprender. Podemos matricularnos en algún curso de cocina, “googlear” o, mejor aún, pedirles a nuestras madres o abuelas que nos compartan esas recetas mágicas que nos transportan a nuestra infancia más feliz. Ellas lo saben.

*El Global Home Index es una iniciativa pionera en el mundo impulsada desde la Home Renaissance Foundation del Reino Unido, apoyada por el Centro Walmart Conciliación Familia y Empresa (CONFyE) del IAE Business School de Argentina y el Centro Cultura, Trabajo y Cuidado del Inalde Business School de Colombia.

*Se trata de la primera investigación mundial dirigida a determinar cómo se valora y se vive en la realidad cotidiana el trabajo que se requiere para construir un hogar en diferentes partes del mundo.

Descarga el segundo informe GHI: http://www.baur.com.ar/clientes/globalhome2018/v01/


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