El equilibrio entre el trabajo y la familia, ¿es posible?

En la actualidad, la vida familiar y el trabajo profesional parecen irreconciliables. Eso, muchas veces, genera un gran sentimiento de culpa en el papá y la mamá. ¿Hay solución? Veamos.

PorelMariana Stevenazzi, en Diario El Tiempo.

Hoy día se habla mucho de equilibrar (o conciliar) familia y trabajo. Pero, ¿qué significa realmente lograr ese equilibrio? En este artículo, intentaremos dar algunos ‘tips’ o recomendaciones concretas para orientar ese intento por equilibrar estos dos ámbitos esenciales en nuestra vida.

A mi entender, el equilibrio consiste en lograr la felicidad y sentirse a gusto con la vida que llevamos. Tiene que ver con lograr cierta paz interior y quitar de nuestra conciencia cualquier “culpa” de no estar haciendo bien las cosas. Es una paz que va más allá de los agobios, cansancios o corridas; no significa ausencia de estos, sino que es una paz consecuente de tener claro el camino que queremos recorrer y de tener la certeza de que –aún con algunos desvíos– nos mantenemos en la ruta correcta.

Muchas veces me preguntan por la receta mágica para lograr el equilibrio familia-trabajo. Sin embargo, está claro que no existe esa receta mágica, de la misma manera en que la magia no existe. La magia es un conjunto de “trucos” que cada mago practica y adapta a su propio estilo. Así, las estrategias para conciliar son únicas y personales para cada persona o familia, aunque puedan darse algunos consejos genéricos que ayuden y orienten a su logro.

Aclarado esto, sí podemos intentar dar algunos tips o recomendaciones concretas para orientar ese intento por equilibrar dos ámbitos esenciales en nuestra vida, como son la familia y el trabajo.

Cualquier intento en este sentido debe ir iluminado por lo que me gusta llamar “dos reglas de oro de la conciliación”:

Primero: la conciliación no es tema de mujeres, es asunto y desafío familiar. Deben implicarse todos los miembros de la familia, en especial la pareja. Lo que se conoce con el término “corresponsabilidad” y que no significa otra cosa que comprometernos con un proyecto familiar ¡que es común!

Segundo: debemos renunciar a la perfección. Hay un dicho muy conocido para ello: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Hay que saber que, a veces, por conseguir “sacar” 20 en una tarea (ser la mejor mamá del mundo, por ejemplo) suspendemos en todas las demás y eso puede traer muchas complicaciones. Una cosa es la perfección y otra, muy diferente “las cosas bien hechas”.

Cinco consejos para conciliar trabajo y familia

Con estas reglas en mente, ¿es posible resumir todo en solo 5 consejos para alcanzar la integración de nuestra vida familiar y laboral? Haremos el intento, pero recordando que cada uno debe encontrar su propia manera de adaptar la situación e intereses particulares y que no intentamos hacer una lista exhaustiva, sino más bien genérica.

Siguiendo a Séneca, decimos que “cuando un hombre no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable”. Por eso, este es mi primer consejo: definir qué significa esa integración en mi vida personal (entender cuándo estaría alcanzada, cuál es mi expectativa…).

Se habla mucho de conciliar, pero, ¿qué significa realmente para mí? ¿Repartir 50 y 50 mi tiempo entre familia y trabajo? ¿No perderme los eventos familiares más importantes? ¿Pasar muchísimo tiempo en familia? ¿Lograr el éxito profesional atendiendo medianamente a la familia?

Planificar y establecer prioridades. Estas actividades implican también distinguir entre tareas urgentes, importantes e innecesarias. Esto nos permitirá, si es necesario, dejar de manera consciente algunos pendientes para más adelante, sin dejar nada importante desatendido, o dar un paso atrás de manera temporal sin salirnos de nuestro camino principal.

Ordenar y planificar nuestro tiempo nos permite, además, detectar a nuestros “ladrones de tiempo” tanto en casa como en el trabajo, esas actividades en las que se nos va el tiempo sin que aporten significativamente a nuestra jornada. Entre ellas, probablemente, nos encontremos con “tiempos muertos” en el uso de las nuevas tecnologías.

Establecer “rutinas flexibles”. Las rutinas dan un orden a nuestra vida y a la vida familiar y nos dan seguridad y tranquilidad. Pero ¡cuidado! Deben ser suficientemente flexibles para adaptarnos a los avatares de la vida cotidiana y estar atentos al momento en que sea necesario cambiarlas de manera transitoria o permanente.

En este sentido, puede ayudar hacer listas, tener en cuenta el tiempo que lleva cada tarea, delegar a los miembros de la familia de acuerdo a gustos y competencias de cada uno, fomentar la autonomía en nuestros hijos.

Ser valiente y determinado en la toma de decisiones. Toma tus propias decisiones, no te dejes llevar por lo que los demás hacen, lo que siempre se hizo en tu casa o lo que dicen los expertos. Decide tú. Por ejemplo, en el trabajo quedarse de más porque “los demás lo hacen”; festejar cumpleaños a lo grande porque “así se festeja aquí”, etc.

Algunos consejos concretos en este sentido: mudarte buscando cercanía con la escuela de tus hijos, buscar trabajo de acuerdo a los horarios escolares (por ejemplo, priorizar el horario frente a la remuneración que ofrecen).

Buscar ayuda cada vez que lo creas necesario. No estás solo o sola. Apóyate en los demás. Si tienes ayuda en casa… aprovéchala de manera inteligente, organiza bien sus tareas y sus prioridades, sé estratégico en el aprovechamiento de su tiempo.

Cuenta con tu pareja para compartir las tareas y responsabilidades. Haz alianza con tus amigos en algo que aproveche a ambos (hacer las compras en conjunto, aprovechar trayectos en auto, turnarse para buscar los niños en el colegio o para cuidarlos alguna tarde.

Es esencial que todo esto vaya acompañado de optimismo, saber reírnos de nosotros mismos y ver el lado positivo a cada momento. Muchas veces es una cuestión de actitud también. Estar dispuestos a aceptar los desafíos de la vida, y a disfrutarla.

Equilibrar estos dos ámbitos es un camino permanente. Es difícil llegar a un punto donde podamos decir “yo ya tengo mi vida equilibrada”, ya alcancé la meta. Es una meta constante, con readaptación a cada cambio del entorno: un cambio en las condiciones laborales, un nuevo proyecto, un nuevo hijo o una nueva etapa de mi hijo que va creciendo, una contingencia, cambio en mis expectativas, en la situación económica y un gran “etcétera”. ¡Es la vida misma! Tan cambiante y tan interesante.


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