Maestría en Matrimonio y Familia

Una propuesta de la Universidad a favor de la sociedad

Cuando pensamos en la familia, hay dos preguntas que surgen naturalmente: cómo ser feliz en el matrimonio y cómo formar a los hijos. El doctor Paul Corcuera responde a estas y otras cuestiones importantes.

Por Elena Belletich, el en suplemento Semana. Diario El Tiempo..

Cuando pensamos en la familia, hay dos preguntas que surgen naturalmente: cómo ser feliz en el matrimonio y cómo formar a los hijos. “Estas inquietudes son consistentes con la experiencia, cada vez más extendidas, de divorcios y separaciones que pueden hacernos cuestionar la esencia del matrimonio; y con los derechos básicos del niño, vulnerados en el ámbito que debía brindarles amor y resguardo”, señala el doctor Paul Corcuera, director del Instituto de Ciencias para la Familia de la UDEP. 

En este contexto, “urge reestablecer, con magnanimidad, alto sentido de compromiso y responsabilidad profesional, el orden adecuado de las realidades humanas, para entender cómo la familia sigue siendo la referencia más clara del desarrollo de una sociedad”, asevera el docente de la Maestría en Matrimonio y Familia (MMF) de la UDEP, que iniciará en abril.

El doctor Corcuera explica algunos aspectos claves de la familia, las relaciones entre sus miembros, la formación de los hijos y otros aspectos importantes.

Empezando el siglo XXI, ¿la familia sigue siendo la célula de la sociedad?
Somos protagonistas de cambios vertiginosos que han configurado un nuevo rostro de la sociedad, y que inciden en la institución familiar. Se pone en tela de juicio la radicalidad del matrimonio entre varón y mujer, y se presentan formas de convivencia que se equiparan a la familia; se ha perdido el respeto a la vida humana y a su dignidad, de manera particular de los no nacidos; la interrelación entre padres e hijos presenta complejidades inusitadas. Somos testigos de circunstancias que mostrarían un panorama desalentador.

Sin embargo, junto a esta realidad, muchos matrimonios sólidos y familias duraderas dan testimonio sencillo y elocuente de fidelidad y felicidad, no exenta de haber sorteado dificultades propias de la vida misma. La familia sigue siendo un elemento de unión, y objeto de aspiraciones, deseos y proyectos. Ello, gracias a la mutua misericordia de las limitaciones y defectos que todos tenemos, porque la familia es la institución donde se vive de manera más exigente la escuela de virtudes. La realidad conyugal puede y debe vivirse con pasión y con compasión.

Pero, fuera del ámbito familiar, ¿qué aporta la familia al desarrollo de la sociedad y a su crecimiento económico?
Existen diversas investigaciones que, a través del estudio de fuentes internacionales, determinan algunos beneficios sociales y económicos de la familia fundada en el matrimonio, como: menor riesgo de vivir en la pobreza o depender de la asistencia social; una mayor probabilidad de obtener buenos resultados en el colegio, gozar de buena salud física y mental, casarse bien, no divorciarse; y menos probabilidades de que los hijos se involucren en relaciones prematrimoniales, adquieran infecciones de transmisión sexual, sean depresivos o suicidas, fracasen en la escuela, sean expulsados o huyan de la casa, o sean víctimas de abusos.

¿Qué rol tienen, o deberían tener, el Estado y la sociedad civil en la protección de la institución familiar?
Las empresas, los gobiernos y la sociedad civil obtendrían grandes beneficios si se fortaleciera la institución familiar. La riqueza de las naciones y el comportamiento de los grandes sectores de la economía moderna dependen, en gran medida, del futuro de la familia. Esto sin mencionar que el crecimiento (desarrollo humano) se produce en los individuos o instituciones que trabajan para generarlo.

El matrimonio no es la panacea para curar los males sociales, pero las investigaciones sugieren que la estructura familiar es el mejor predictor del bienestar social y sicológico.

En este contexto, ¿qué se puede esperar de la Maestría en Matrimonio y Familia que está por comenzar?
El contenido de las 17 asignaturas evidencia cómo desde la institución universitaria se estudia el matrimonio y la familia desde todos los campos científicos, trascendiendo así a propuestas –distintas en su contenido y su finalidad– que pertenecen al ámbito de la orientación familiar.

No hay realidades más multidisciplinares que el matrimonio y la familia. Su estudio no puede limitarse a una única perspectiva conceptual y metodológica. Tampoco debe abordarse con visiones parciales en relación a la persona humana.

¿De qué disciplinas hablamos?
La MMF convoca a todas las ciencias, desde la Economía, la Estadística y la Demografía, hasta la Pedagogía, el Derecho y la Política.  Así mismo, a la Antropología Filosófica, la Ética, la Teología, hasta las Ciencias Médicas y Psicológicas, que explican los procesos de comunicación íntimos de las personas en sus relaciones de convivencia.

Las relaciones dentro de una familia no siempre son sencillas, ¿se puede aprender a ser feliz en el matrimonio?
Claro que es posible. No es casualidad o mera labor comercial el nombre de una asignatura que se ofrece a alumnos de pregrado, en la UDEP: Educación para el Amor, que viene constituyendo una magnífica experiencia educativa.

El acrecentamiento intelectual favorece la apertura para reconocer la propia realidad y las de los demás con criterios más ricos. El hombre sigue siendo aún desconocido para sí mismo. Según Aristóteles, el obrar humano es avance hacia uno mismo; objetivo que es posible con ofertas educativas como esta.

Parte medular de la familia son los hijos, ¿cómo formarlos mejor?
Me atrevería a sugerir hasta tres caminos:

  1. No poner dificultades en su proceso de formación; es decir, no impedirlo (por paradójico que sea). Solemos hacerlo cuando establecemos normas sin fundamentos, controles que desfavorecen el ejercicio de la libertad y el desarrollo de la responsabilidad o medidas de corrección injustas, que desalientan la apertura, el desarrollo de la confianza y finalmente la unidad entre padres e hijos.
  2. Hacerlos pensar siempre, ante situaciones concretas, en las consecuencias de sus decisiones sobre ellos mismos y sobre los demás, para que puedan corregir –a priori– lo que sea necesario. No hay consejos de los padres que caigan en saco roto; por ello, no se puede perder la paciencia, pues cada hijo tiene su propio tiempo de madurez.
  3. Dar ejemplo, sobre todo en el trato diario. Los detalles de afecto son elocuentes; nada forma más a los hijos que ver que sus padres se quieren y se perdonan. Ello les da una fortaleza inusitada que les sirve como modelo de referencia en el futuro.

Volver a un hogar así, resultará siempre atractivo.

Próximamente


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