¡Bienvenidas, lluvias!

Estamos tan sensibilizados por los desastres que han producido las grandes lluvias en Piura, que las de los días pasados nos han asustado.

Por Antonio Mabres, el en El Tiempo.

Estamos tan sensibilizados por los desastres que han producido las grandes lluvias en Piura, que las de los días pasados nos han asustado. Además, ha habido muchos daños e incomodidades, tanto por el mal drenaje del agua en las ciudades como por las vías cortadas en la sierra.

Sin embargo, estas lluvias, que ponen fin a un periodo de largo de sequía, traen más bien que mal, sobre todo para los agricultores y ganaderos de nuestra región: permitirán regenerar los pastos naturales y salvar algunos cultivos.

Desde el 2002, cuando llovió en Piura 140 mm, no ha habido un fenómeno El Niño “costero”; aunque sí, algún calentamiento del agua en el Pacífico ecuatorial, lejos de nuestra costa, sin altas precipitaciones en la franja costera. El 2014 sido un año extremadamente seco, con solo 11 mm en la ciudad de Piura.

Los problemas ocasionados por las últimas lluvias (unos 65 mm en Piura) son un buen aviso. Nos señalan lo que no funciona en nuestras viviendas, o en las calles y espacios urbanos, o en las pistas de nuestra sierra. Por tanto, son una oportunidad para que todos, especialmente las autoridades, tomemos nota y corrijamos lo que haga falta para estar mejor preparados para cuando llegue –que vendrá sin duda, y quizá pronto– un nuevo Niño, moderado o fuerte.

Ojalá no venga uno de extraordinaria intensidad (como los de 1983 o 1998). Ya tuvimos la cuota que estadísticamente nos corresponde por muchos más años, salvo que el cambio climático global esté modificando los patrones de este fenómeno, lo cual es probable.

No olvidemos que en Piura llueve, pero casi siempre hay largos periodos de sequía intermedios que dificultan el buen manejo de las consecuencias de las lluvias. Por esto, es preciso limpiar las canaletas y vías de desfogue del agua, que se llenan de tierra y basura. Y, lo que es más importante, hay que resolver técnicamente y con eficacia la evacuación de agua de las calles de nuestras ciudades y minimizar con vados u otras soluciones los cortes de las vías rurales: un reto impostergable para los ingenieros civiles y las entidades gubernamentales que licitan y aprueban los diseños de las obras públicas.

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