Impacto del Niño costero en la campaña de uva de mesa 2017 – 2018

Ya inició la cosecha de uva de mesa en Piura y es un hecho que tendrá menor rendimiento y, por ende, menos volumen exportable, tras el fenómeno climático El Niño costero de inicios de año.

Por Dirección de Comunicación.
Comunicacion Verbena

Se estima que la producción que la producción en la región Piura caerá entre 35% y 40% en relación a la producción de la campaña 2016 – 2017. Por otro lado, a pesar de la disminución en el volumen de producción de uva en Perú en general, se proyecta que los precios normales de mercado se podrían llegar a mover a favor, aunque esto no contrarrestará la disminución de los ingresos de las empresas agroexportadoras. Además, la expectativa de crecimiento en el rubro agrícola peruano, que se proyectaba en un 15% para este año frente al 2016, luego del fenómeno climático se ha recalculado que crezca solo un 5%.

En este artículo abordaremos el evento ocurrido a principios de año que ha ocasionado estragos en nuestro territorio y un alto impacto en la campaña de uva 2017-2018: El Niño costero. Este se desarrolló exclusivamente en las costas de Perú y Ecuador, a diferencia del fenómeno del Niño global que afecta toda la costa del Pacífico y que genera alteraciones climáticas a nivel mundial.

Este fenómeno, en sus dos variantes ha dejado a lo largo de la historia grandes daños en las actividades agrícolas; sin embargo, el esfuerzo para la prevención en el campo para mitigar el impacto es bajo. Además, es importante considerar que esto repercute sobre toda la cadena agroalimentaria o el sistema de Agronegocios, que incluye las actividades productivas, las de financiamiento, insumos y servicios, afectando a una importante cantidad de familias cuyos ingresos dependen, en cierta medida, de las campañas de poda y cosecha.

La producción de uva de mesa
Perú es el quinto productor, a nivel mundial, con exportaciones que alcanzaron los 662 millones de dólares en el 2016, lo cual genera que sus volúmenes de exportación incidan en los precios internacionales. La uva de mesa peruana es reconocida, en algunos casos, por su excelente sabor, consistencia, calidad y adecuados procesos sanitarios. Los asociados de Provid señalan que han sido certificados por sus buenas prácticas agrícolas por Globalgap, Tesco, Nature’choice y Usgap. Y, las plantas de empaque están certificadas por HACCP, BRC entre otras. Todo ello ha permitido un crecimiento promedio de 30% en cada campaña en los últimos diez años, llegando a mercados diversos y exigentes, como los de Estados Unidos, Europa y Asia. Aún se pronostica un crecimiento mayor en el cultivo si se incorporan nuevas tierras y, sobre todo, si continúan consolidándose a nivel mundial como proveedores responsables, confiables y con productos de alta calidad a buenos precios.

Calidad y factores de cambio
En los procesos de producción agrícola se puede predecir una serie de factores que pueden ser medidos y controlados por el ser humano; sin embargo, la naturaleza, aun es impredecible en muchos aspectos y sus cambios alteran directa o indirectamente la fisiología de las plantas, la sensibilidad al ataque de patógenos, la infraestructura y, por lo tanto, la capacidad productiva.

Como en todo negocio de frutas frescas, en el de la uva de mesa la calidad implica una serie de características organolépticas en las bayas que hacen apetecible esta fruta en el mercado internacional: color, turgencia, sabor, durabilidad, etc. Basta que una falle para que el mercado reaccione de manera negativa, generándose pérdidas serias; y, peor aún, si la falla fuera por alguna enfermedad o problema sanitario.

Al iniciar la campaña 2017, después del impacto del Niño costero, que generó exceso de agua en los campos, inundaciones por periodos de días y daños en los sistemas de riego en primera instancia, hubo también mayor gasto inicial para el control preventivo y reactivo de enfermedades. Incluso se abandonaron algunos campos; todo ello produjo: menor volumen de producción, baja calidad en algunos casos, y producción cero, en otros. Debido a esta situación, al final de la campaña habrá una reducción de la producción de 35 a 40% y, por lo tanto, una menor rentabilidad por hectárea esperada.

En casos extremos, se perdieron completamente las plantaciones, y, otros en algún porcentaje. Además, casi el 80% que mantiene la superficie reportó una baja considerable en la fertilidad de las yemas lo que originó la disminución de los racimos disponibles para cosechar.

Aparición del temible “mildiú”
Otra consecuencia de los efectos del fenómeno climático ha sido una mayor incidencia de la “mildiú”, una enfermedad criptogámica que produce hifas fúngicas en los tejidos vegetales, madera, cuero, papel, etc., es relativamente parecido al oídio. Se adentra en los tejidos de hojas, tallos y frutos y no solo permanece en la superficie como el oídio. Al ser un endoparásito, no se aprecia su estructura hasta que los daños producidos en la planta (principalmente en las partes aéreas) son considerables.

Este endoparásito apareció por primera vez en Piura en el 2012 y causó la caída en la producción de uva de mesa hasta en 50%, en algunos campos. Con las lluvias catastróficas del 2017, ha reaparecido, pero los productores estuvieron mejor preparados para enfrentarlo, gracias a la experiencia pasada y a los aportes de especialistas, como el fitopatólogo Edgardo Rodríguez. En el 2012, no había productos de control y era imposible entrar al campo con maquinaria de aplicación; este año, sí había productos en stock y fueron aplicados, incluso, por avión.

Hay quienes prefieren esperar a que la enfermedad se manifieste en 1%, 2% o 3% para comenzar las aplicaciones, “pero en el caso de Mildiu, se recomienda aplicar en ‘ausencia’ para adelantarnos a la enfermedad y empezar a pulverizar cuando las condiciones ambientales son favorables”, precisa Rodríguez.

A pesar de la experiencia, el ciclo del hongo se repetirá una y otra vez según la humedad ambiental, hasta que reingrese a su fase de reposo, en otoño. Este año, provocó un gasto hasta 50% mayor al previsto. Además, causó daños severos en las zonas productoras de vid en Piura y Lambayeque. Este pseudo hongo esporula en todos los órganos vegetativos de la planta. El daño más dramático se da en las hojas, que caen y sirven como fuente de inóculo para posteriores campañas.

Lecciones aprendidas
Al terminar la campaña de cosecha, en enero – febrero de 2018, se espera que las empresas retomen las medidas necesarias para la siguiente campaña. Lo ocurrido, nos va dejando lecciones para que podamos, para el futuro, desarrollar mecanismos y estrategias de respuesta más efectivos ante los desastres naturales propios de la región, que consideren aspectos de infraestructura de drenaje, control sanitario, gestión de clientes, seguros agrícolas, entre otros.

Datos a considerar

  • 264 000 toneladas exportadas en la campaña 2016/2017.
  • Los principales mercados: Estados Unidos (30%), China y Hong Kong (17%), Países Bajos (12%) y Reino Unido (4%).  (Fuente: El Comercio).
  • US$ 1,10 es el retorno promedio por kilogramo de Red Globe. Y, en las variedades sin semillas, Sugraone y Thompson, es de aproximadamente US$ 2,60. (El Comercio)
  • Las uvas sin semillas en el norte serían las más afectadas. Esto demuestra que la Red Globe sería más resistente. El escenario previsto -estimado a partir del estado del desbrote, supondría un menor movimiento económico, relacionado especialmente con la contratación de mano de obra durante el último semestre de este año.
  • Aunque el impacto ocurriría de forma homogénea, sus secuelas podrían sentirse con más intensidad en los productores que gestionan una menor cantidad de hectáreas. Ante lo cual se esperan la intervención del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) para atender complicaciones de manejo.
  • En la otra cara de la moneda de este primer adelanto de campaña del gremio, la menor oferta de volúmenes repercuta en un incremento de los precios a nivel global.
  • Es posible decir que los efectos están aún sujetos a variaciones ya que la campana 2017- 2018 está en proceso. Podemos afirmar que las empresas están cumpliendo, en lo posible, los plazos y pedidos de sus exportadores reflejando su compromiso ante los mercados demandantes de nuestro producto.
  • A la fecha, el futuro de la campaña es incierto, pues siguen los efectos de los cambios climáticos, bajas temperaturas y algunos milímetros acumulados por precipitaciones.

Artículo elaborado por: Bárbara Muñoz y Manuel López.

 


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