DOCTOR ALBERTO RÍOS VILLACORTA

“Hace falta un modelo de negocio que beneficie a las distribuidoras eléctricas y al consumidor”

El director del Grupo de Investigación Renewable Energy & Web Architecture - Research and Development de la Universidad Técnica de Ambato (Ecuador) estuvo en Lima como expositor del Segundo Simposio de Energías Renovables.

Por María José Salazar.

El uso de energías renovables es más sencillo de lo que parece, para el ciudadano de a pie, la comunidad y el Estado. Sin embargo, hace falta tomar conciencia de la importancia de evitar que continúen las emisiones de dióxido de carbono en el medioambiente. Sobre ello y más, el doctor Alberto Ríos, especialista en energías renovables y eficiencia energética, comenta en esta entrevista. Él fue uno de los expositores en el simposio sobre este tema, desarrollado en el campus de Lima de la Universidad de Piura.

¿Quién puede utilizar instalaciones fotovoltaicas, es decir, aquellas que reciben la luz del sol y la convierten en energía eléctrica?

Cualquiera. En Alemania hay millones de instalaciones fotovoltaicas, puestas por los ciudadanos en sus casas; y si uno les pregunta por qué han hecho esa inversión, responden que es porque quieren colaborar con la transición energética del país.

Es decir, es un tema de cultura.

Sí, allá hay una gran concientización y, además, la gente recibe buenos incentivos de parte del Estado si apuestan por esas instalaciones. En el Perú, esto aún no ocurre porque no hay una normativa sobre las energías renovables. Existe el decreto legislativo pero no el reglamento.

Doctor Alberto Ríos Villacorta.

¿Cómo una instalación fotovoltaica puede cubrir la necesidad de energía eléctrica de una familia?

En una ciudad como Lima, por la cantidad de artefactos eléctricos que se utilizan, una familia tendría que instalar cuatro paneles de 400 vatios, que cuestan más o menos mil dólares. Adicionalmente, habría que contar con un almacenamiento para distribuir toda esa energía durante las 24 horas del día, eso supone unos dos mil dólares más. Los paneles se cambian cada veinticinco años; lo otro, cada 10 años.

Usted ha participado en un proyecto de instalación de estaciones fotovoltaicas en la selva del Perú. ¿Qué características tienen?

El proyecto tiene que ver con lo que se llama cloud computing y IoT (Internet of things – Internet de las cosas). De dichas estaciones, recibimos información que se centraliza en una computadora y luego es analizada por un software. Este, si encuentra una irregularidad, envía una alarma. Por ejemplo, cuando se produce una caída o aumento de tensión, se rompe un fusible, etc.

La idea es que, con sistemas renovables, se generen actividades económicas en las mismas comunidades: que cuenten con un aserradero, una despulpadora de frutas para hacer y vender jugos nutritivos, un aparato de empaquetamiento de café o cacao, etc. Esto por ahora no se puede hacer, ya que los paneles que tienen son de 150 vatios, cuando ahora casi todos los paneles de calidad son de 400 vatios.

Suponiendo que todo esto se masifique, ¿cómo queda el negocio de las distribuidoras eléctricas?

Tener una instalación fotovoltaica es como tener una vaca. Si cuentas con una, ya no tienes que comprarle leche a nadie. Lo mismo pasa con una distribuidora eléctrica: si tienes la energía en tu casa, ya no necesitas pagar por ella. Siguiendo con el ejemplo de Alemania, ¿qué hacen ahora las empresas eléctricas? Brindan servicios para hacer que “la vaca” funcione correctamente.

Es decir, le han dado un giro a su negocio.

Así es. Aquí, sin embargo, no se ha encontrado aún un modelo de negocio que sirva tanto a las distribuidoras eléctricas como al consumidor; aunque las compañías ya se van dando cuenta de que pueden vender energía a otro sector incluso a mayor precio, y a otro segmento.

¿De qué otra manera podemos utilizar energías renovables? ¿Usando autos eléctricos?

Más que los autos, lo que tenemos que promover es que haya transporte público eléctrico. Un auto consume entre 0.30 y 0.35 kilovatios por hora, kilómetro y persona. Si recorres cien kilómetros, es como si hubieras usado treinta y cinco planchas de ropa a la vez. En cambio, un tranvía utiliza diecisiete veces menos energía eléctrica.

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