Dos relatos de Semana Santa: «Los ojos de Judas» y «Yerba Santa», de Abraham Valdelomar

Por , publicado el 31 de marzo de 2025

Abraham Valdelomar Pinto, escritor peruano nacido en Ica el 27 de abril de 1888 y fallecido en Ayacucho el 3 de noviembre de 1919, es autor de cuentos y novelas inolvidables como Hebaristo, el sauce que murió de amor, El Caballero Carmelo, El vuelo de los cóndores, La ciudad de los tísicos, entre otros. Con un estilo modernista y criollo, Valdelomar no solo retrata los paisajes y las costumbres de las provincias de nuestro país, sino también el alma, las vicisitudes y los conflictos existenciales de sus pobladores, tal como se puede apreciar en dos de sus relatos que a continuación se comentarán. 

En «Los ojos de Judas» el narrador, con la visión ya madura por los años, revive una de las lecciones más dolorosas de su infancia: reconocerse culpable de la muerte de otra persona. En ese proceso de evocación, la voz del protagonista aprovecha la belleza del paisaje marino y el encanto de los distintos escenarios rurales para contrastarlos con la miseria del dolor, la angustia y el desaliento: «El puerto de Pisco aparece en mis recuerdos como una mansísima aldea, cuya belleza serena y extraña acrecentaba el mar. Tenía tres plazas (…); y la tercera, al sur de la población, en la que había de realizarse esta tragedia de mis primeros años». En este primer cuento, el sencillo ambiente familiar y la apacible tristeza del pueblo de Pisco se ven trastornados por la tragedia en un Sábado Santo. 

En el segundo cuento, «Yerba Santa», la voz serena y reflexiva del narrador crea una atmósfera de dicha plena en San Miguel, antigua hacienda familiar situada en Ica. La magistral descripción de las costumbres y modos de vida provincianos generan una explosión de colores, sensaciones y emociones que luego contrastarán con la desolación y la muerte: «¡Qué olor de monturas, de menesteres de trabajo! ¡Qué ropas tan buenas las de aquella cama tibia y amorosa! ¡Qué mañana tan hermosa donde todo era tan bueno, dulce y tranquilo!». En Jueves Santo, la desesperanza empieza a corroer el corazón del querido joven Manuel. Pocas horas después, el protagonista, un niño de inocencia imperturbada hasta entonces, pasa por una experiencia dolorosa al enterarse de que el muchacho «más bueno que el pan de Semana Santa», Manuel, decide acabar con su vida. 

Estos dos entrañables relatos que conforman el libro El Caballero Carmelo (1918), revestidos de confusión y dolor, nos llevan a experimentar, desde la mirada infantil del protagonista, las más grandes paradojas de la vida y, sobre todo, nos invitan a reflexionar sobre el sentido de la soledad, la desesperanza y la muerte. Las situaciones más desafortunadas y los nefastos desenlaces ocurridos en Semana Santa nos recuerdan también que el perdón es el bálsamo que alivia cualquier dolor por insostenible que parezca y que con la suficiente generosidad de ánimo nos ayuda a comprender lo más insondable del ser humano: «Quien llegue a Pisco (…) recuerde a ese espíritu triste, de melancolía infinita, de aldeano amor, poeta de sus dolores íntimos, recuerde a Manuel, perdónele, y trate de oír, aquel sencillo verso del amigo sepulto (…)». 

 

 

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