El curso de la cursiva 

Por , publicado el 4 de septiembre de 2024

Actualmente, el auge de los medios tecnológicos y su uso mayoritario han aumentado el caudal de recursos en la escritura; por ello, es necesario que un escritor competente conozca y aplique las reglas ortotipográficas que los rigen. Recordemos que la ortotipografía se encarga del buen uso y combinación de los caracteres de imprenta, por ejemplo, atiende a la colocación de los espacios entre palabras, al tamaño de las letras, a los márgenes, etc. En el presente artículo, abordaremos un uso ortotipográfico muy frecuente: la cursiva 

Tal como señala la Fundéu en Cursiva y redonda. Guía de estilo (2022), la letra redonda es la que tiene verticales la mayoría de los trazos rectos que van de arriba abajo, es decir, la que tiende a la verticalidad (abcde); mientras que la letra cursiva o itálica es la que tiene inclinados esos trazos, a menudo con formas más redondeadas que las correspondientes letras redondas (abcde). Las funciones básicas de la cursiva son dos: delimitar la extensión de una expresión, y resaltar alguna palabra, frase o construcción que, dentro de la lengua, adquiere un sentido particular o se considere un extranjerismo. 

 Antes de ahondar en el uso de la cursiva, vale aclarar dos aspectos. Primero, en algunos casos, la cursiva alterna con las comillas; sin embargo, se recomienda reservar estas últimas para la escritura a mano. Segundo, como ya se dijo, la cursiva cumple la función de resaltar un término; por tanto, en los casos en los que se escribe en redonda, se usa la cursiva para destacar una palabra o un grupo de estas (No soportó la persecución de los paparazzi); mientras que, si se escribe en cursiva, la palabra o conjunto que se quiera resaltar deberá ir en redonda (No soportó la persecución de los paparazzi). Cabe señalar que los ejemplos plasmados en este artículo, por obedecer a un uso metalingüístico, se escriben en cursiva; por lo que su resalte se marcará con letra redonda. Dicho esto, explicaremos algunas normas y recomendaciones. 

Se prefiere utilizar cursiva, en lugar de comillas, para resaltar usos metalingüísticos, es decir, aquellos en los que las palabras se usan para explicar algún sentido, significado o ejemplo del propio código de la lengua (La palabra guion no lleva tilde; El verbo dormir pertenece a la tercera conjugación; En la oración Me gustan las puestas de sol, el sujeto es las puestas de sol). 

Asimismo, se escriben con cursiva los extranjerismos crudos, es decir, aquellos que no han sido adaptados a las reglas del español (Encontraron sustancias extrañas en sus muestras de sangre post mortem; A la inauguración de la boutique asistieron celebridades). Excepcionalmente, tal como señala la Ortografía de la lengua española (2010, 383), «en los titulares de prensa, la cursiva puede ser reemplazada en este uso por comillas simples: Messi consigue su cuarto ‘hat-trick’ esta temporada». Además, recordemos que los nombres propios, siglas y acrónimos de otras lenguas no deben resaltarse ni con cursiva ni con comillas; así, en la oración Ludwik Witold Rajchman fue el primer presidente de la UNICEF, ni al nombre propio (Ludwik Witold Rajchman) ni al acrónimo (UNICEF) se les ha colocado resalte tipográfico. En cuanto a los apodos y sobrenombres que se intercalan entre el nombre de pila y el apellido, estos pueden escribirse en cursiva o entre comillas (Ernesto Che Guevara se nacionalizó cubano en 1960; Ernesto «Che» Guevara se nacionalizó cubano en 1960). 

Por otro lado, se usa exclusivamente la cursiva —y no las comillas— para escribir los títulos de películas, obras de arte, fotografías, esculturas, piezas musicales, discos, espectáculos, programas radiales o televisivos, etc. (Se tomó una foto junto al Cristo del Corcovado; En mi vida una película me había conmovido tanto como La vida es bella; Las cuatro estaciones las compuso Antonio Vivaldi). No requieren ningún tipo de resalte los títulos de colecciones editoriales (Me encantan las narraciones de Mi Novela Favorita; Compré varios libros de Alianza Editorial). Para los títulos de libros sagrados o de sus partes, es suficiente el uso de la mayúscula: la Biblia, el Corán, el Nuevo Testamento, el Génesis, etc. (OLE, 2010). 

Los títulos de obras internas de una publicación pueden escribirse en cursiva o entre comillas cuando aparecen de manera independiente (Ya leí Aladino y la lámpara maravillosa; Van a publicar su artículo titulado Análisis de la realidad socioeconómica del Perú); sin embargo, ¿qué sucede cuando el artículo o parte interna aparece junto a la obra que lo contiene? En ese caso, la parte interna debe colocarse entre comillas y la parte que la contiene, en cursiva (Ya leí «Aladino y la lámpara maravillosa», un cuento de Las mil y una noches; Van a publicar su artículo titulado «Análisis de la realidad socioeconómica del Perú» en la Revista Española de Sociología). 

 Como ve, estimado lector, la cursiva reúne reglas y recomendaciones para resaltar y delimitar varios usos funcionales de la lengua. Aquí hemos mencionado solo algunas, pero faltan muchas más por explicar. Dejemos que la cursiva siga su curso, quizá más adelante nos encontremos con una segunda parte de este artículo. 

 

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