05 Abr 2016

“Renuncias reflejan oportunismo y aventura de candidatos y partidos”

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Luis Castillo OK

El 30 de marzo, Francisco Diez Canseco, del partido Perú Nación, renunció a su candidatura presidencial. Se unió así a Yehude Simons, del Partido Humanista; Vladimir Cerrón, de Perú Libertario; Renzo Reggiardo, de Perú Patria Segura; y Felipe Castillo, de Siempre Unidos, quienes por no tener la aceptación del electorado, desistieron de seguir en la carrera hacia Palacio de Gobierno. Nano Guerra, de Solidaridad Nacional, y Daniel Urresti, del Partido Nacionalista, también se quedaron sin postular, pero por decisión de las dirigencias de sus partidos. El argumento de todos en general es simple: preservar la inscripción electoral. De haber continuado en la contienda electoral, muy probablemente no hubiesen conseguido pasar la valla que la ley exige para continuar en el Registro de Organizaciones Políticas (ROP), del Jurado Nacional de Elecciones.

Para el doctor Luis Castillo Córdova, decano de la Facultad de Derecho de la UDEP, y especialista en Derecho Constitucional, en la decisión de retiro no deja de haber cierta dosis de irresponsabilidad avalada por el sistema electoral vigente. “Esta realidad nos demuestra que hay algo que ha fallado en el sistema electoral que ha permitido que cualquier ciudadano con recursos principalmente económicos para conseguir un número determinado de firmas, pueda acceder a ser candidato presidencial”, indica.

Afirma: “es necesario que se piense en una serie de requisitos y exigencias que ha de cumplir el grupo político que pretende presentar candidato a las elecciones presidenciales, de modo que con base en esos requisitos cumplidos se pueda concluir que estamos ante un grupo político, no aventurero ni irresponsable, que efectivamente tiene el respaldo y representatividad por lo menos ideológica de un sector relevante de la población. Esto no se consigue solo presentando un número de firmas”.

Oportunismo
Tal como ha funcionado el sistema electoral al día de hoy es posible concluir que sus deficiencias han permitido la presencia de “un oportunismo aventurero”, por lo menos en las candidaturas presidenciales y es posible que también alcance a las candidaturas electorales, explica el doctor Castillo.

Sostiene que “así como todos estamos de acuerdo en que no debe ponerse un límite al número de agrupaciones o partidos políticos que intervienen en una contienda electoral; también todos debemos estar de acuerdo en que deben tomarse medidas electorales para evitar la presencia de candidatos aventureros”.

Repara en que este tipo de situaciones menoscaba tanto la percepción de la política por parte de la población como a la institucionalidad democrática del país.

Añade que una vez más, “los electores desconfiados de sus instituciones públicas, suspicaces de sus autoridades gubernativas y recelosos de sus representantes políticos, presencian la ineptitud de su sistema electoral. Y sin confianza de la población, en sus instituciones y autoridades, no se podrá conseguir institucionalidad democrática”.

Poca seriedad
Precisamente esta institucionalidad democrática, a decir del doctor Castillo, ha sido “debilitada severamente” por quienes han deslizado la idea de que el presente proceso electoral es fraudulento. Para él, este proceso electoral no solo ha permitido conocer candidatos aventureros, sino también candidatos poco serios.

“Cuando un candidato es capaz de preferir cubrir con un manto de duda la actuación del JNE y dañar su credibilidad institucional por la sencilla razón de que ha fallado en contra de sus propios y partidarios intereses, entonces ese candidato está dispuesto consciente o inconscientemente a poner el interés particular por encima del interés general. Y no hay gobernante más nefasto que aquel que no está dispuesto a renunciar al interés partidario e incluso al personal, para favorecer la consolidación del interés general”, sentencia.

Daño al sistema
Empezar un proceso electoral con 18 postulaciones y que sean 10 las que lleguen a la elección (si nadie desiste esta última semana), también debe ser materia de reflexión, considera el especialista.

“Un sistema no es más democrático ni más plural por tener un mayor número de candidatos. Lo que pasa en Perú en este punto es insostenible por excesivo y justifica medidas urgentes; sin duda que algo está fallando en un sistema electoral que permite tener al final la mitad de candidatos presidenciales que al inicio”, indica.

Refiere que “las imperfecciones del sistema electoral no solo dañan al sistema electoral mismo, sino que no promueve ni el interés ni la confianza suficiente en la ciudadanía para conseguir que emita un voto basado en el conocimiento y no solo en el sentimiento”.

 

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