Los efectos de las lluvias e inundaciones del llamado Niño Costero han sido terribles, dejan una ciudad destruida y una población muy afectada. Todo esto debería constituir para todos una ´gran lección´, sí, para todos.

Por Pedro Escajadillo. 07 abril, 2017.

Todos hemos aprendido lecciones de distintas maneras, quizás las que mejor se nos graban en la memoria son aquellas que nos han costado más esfuerzo o las que hemos aprendido por el sufrimiento que nos ocasionaron.

Los efectos de las lluvias e inundaciones del llamado Niño Costero han sido terribles, dejan una ciudad destruida y una población muy afectada de una u otra forma. Todo esto debería constituir para todos una ´gran lección´, sí, para todos.

Lo más fácil siempre será echar la culpa a los demás: autoridades, profesionales, vecinos; pero, la culpa probablemente recaiga sobre todos en mayor o menor grado. La informalidad, la improvisación, la codicia, la contaminación del río, la desidia, la especulación, la indiferencia ante determinadas situaciones, y tantas otras cosas negativas, han contribuido a la situación en la que nos encontramos.

Caben muchas reflexiones a propósito del desastre que vivimos, y las conclusiones serán igual de variadas, pero me quiero centrar es en el criterio técnico que debe primar sobre la planificación de la ciudad. No se trata de ´inventar la pólvora’ sino de convocar a los que más saben, trabajar todos juntos, decidir lo que se va a hacer, tener la visión final de la ciudad que queremos; y, todos, repito nuevamente, todos, construir esa Piura ideal.

Aprovechemos para implantar ahora el criterio técnico, más allá del gobierno de turno o del costo económico de los trabajos que, seguramente ahora, con la reconstrucción, será mucho más alto que si se hubieran hecho las cosas bien desde el principio.

Es muy importante también que la propuesta de reconstrucción sea integral, convocar a distintos sectores e incorporarlos en ella. No basta con obras públicas y privadas bien ejecutadas. Se trata también de educar a la población, de mantener las estructuras, de contar con legislación y reglamentación propia y de disponer de mecanismos de control, entre otros, para volver a construir la ciudad que todos queremos.

La desgracia nos ha unido más que nunca y estoy seguro de que Piura volverá a resurgir, como otras veces, pero ahora llegó el momento de aprender la lección y hacer las cosas bien. Debemos aprovechar esta oportunidad que la naturaleza nos está dando nuevamente para tratarla con respeto y criterio técnico.

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