14 Abr 2020

Salud Vs. Economía. Darwin y solidaridad

Se escuchan voces pidiendo analizar si la cura al coronavirus (cuarentena) sería peor que la enfermedad. Hablando más filosóficamente, evitar el colapso del sistema de salud tiene como contrapartida una caída de la economía global.

Por Ernesto Gallo. 14 abril, 2020.

Fuente: Andina

Thomas Friedman del New York Times comenta que sería como si un gato casero atacara a un elefante y el elefante corriera sin rumbo y cayera en un precipicio y muriera.  La discusión es ahora aclararnos el significado de bien común.

El distanciamiento social, como estrategia para minimizar el contagio, especialmente la cuarentena total, causa el cierre de pequeñas empresas que tardaron años en formarse, el desempleo de mucha gente y más pobreza. Descuidar a los pobres puede ser caldo de cultivo para conflictos sociales y revueltas del grupo de “los olvidados”.

Al principio, el estado puede subsidiar a los perjudicados, pero esto duraría poco, ya que son ellos, los ahora desempleados, los que generan los ingresos para el estado, quienes no pueden trabajar ni pagar impuestos.

Por otro lado, hay quienes fomentan el concepto Darwiniano de la sobrevivencia del más fuerte aplicando un concepto pecuario en los agronegocios llamado la “inmunidad de la manada”. Los animales más fuertes sobreviven y desarrollan anticuerpos que hacen que todos sean inmunes. La idea es no hacer mucho esfuerzo contra la pandemia y seguir con la economía normalmente y al final, los que sobreviven quedan inmunes e igual de ricos, las bajas son un solo un daño colateral.

Aparte del grave problema ético que este enfoque plantea, no sé si esta teoría aplica al cien por ciento. Recuerdo el caso de una variedad de banano que desapareció como cultivo comercial debido a un virus y ha sido reemplazada totalmente. Ya hay un nuevo virus al acecho.

Debemos notar que vivimos en una sociedad de la opulencia, el rey Salomón con toda su riqueza no podría abrir la ducha todos los días y recibir agua para bañarse y regularla para que esté caliente o tibia.  ¿Podemos vivir con solo el 80% de nuestros ingresos y capital? el presidente de El Salvador piensa que sí. Sacrificando un poquito los gastos en restaurants, viajes, fiestas, gimnasio, peluquería, ropa de marca, relojes de 10 000 dólares que dan la misma hora que uno de 5 dólares, lapiceros de 3000 dólares que escriben más menos igual que un lapicero de 5 soles la docena, fiestas de bodas de 40 000 dólares, con hora loca…

Los médicos de Estados Unidos han pedido hace poco al presidente Trump, un poco para presionarlo, que salve la salud, no a “Wall Street”. En realidad, no se salva solo a Wall Street, otros pensadores opinan que dejar a la población sin empleo y paralizar el país, “shut dawn”, es también un serio problema de salud pública, física y mental.

Se comenta que “distanciamiento social” y “unidos contra la pandemia”, son términos conceptualmente opuestos, especialmente en sociedades liberales e individualistas. Un santo moderno recorría Sudamérica en los años 70. En una tertulia en Caracas alguien le comentó algo así como “acá en Venezuela que somos un país rico…” el santo le comentó que a pesar de eso había visto mucha pobreza en las calles.

El mismo tema se puede analizar desde el punto de vista de la solidaridad. Busquemos una fórmula sostenible de protección del más débil. Muchas empresas en el mundo están emprendiendo una serie de acciones solidarias. Recuerdo cómo en Piura, ante las inundaciones causadas por el fenómeno El Niño, mientras viajábamos a dejar alimentos a damnificados en vehículos todo terreno, veíamos gente muy humilde en sus mototaxis, llevando también sus ollas de alimentos y botellas de refresco reusadas llenas de agua del caño, para ayudar a otros más pobres y afectados que ellos mismos.

La fórmula intermedia es la aplicada en Corea: detectar a los contagiados, aislarlos y monitorearlos, fomentado el uso de máscaras y el distanciamiento físico y con mucha disciplina en la sociedad. Complementada con una corta cuarentena total, puede ser de gran ayuda. En sociedades más pobres, se puede complementar el programa con un paquete económico, dice un economista peruano que es tiempo de utilizar las grandes reservas del país.

La discusión está abierta, es indudable que el mundo reflexionará, nuestra forma de vida cambiará; personalmente, llamo a la solidaridad, al sacrificio para ayudar a los más débiles y a una revisión de nuestros valores. Salvar empresas y empleos, así como los trabajos de los que viven al día, es una prioridad.

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