21 Abr 2021

La cultura es una necesidad transversal en las políticas públicas

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Hace un par de meses, manifestamos el clamor por construir un país en el que se valore la diversidad y se promueva la iniciativa personal dirigida al bien común, que se aprenda a convivir en la diferencia y se eduque en el diálogo; que enrumbe el camino de la calidad y se imponga el orden frente al caos y, por encima de todo, que se reconozca en el otro a un ciudadano, a un peruano y no a un enemigo.

Los resultados de las Elecciones Generales 2021 actualizan, necesariamente, este clamor, dado que se percibe una potencial ruptura en el conjunto de la sociedad. Pero, atendamos estos aspectos con más detalle.

La primera demanda es la de unidad entre los peruanos. Este valor adquiere mayor importancia en tiempos fuertes como el que estamos viviendo. Al reclamo de la unión familiar y comunitaria, manifestada en las acciones de solidaridad, se suma la necesidad de unidad nacional para hacer frente a la expansión de la pandemia, a la rapacería de la corrupción o a la indolencia de la usura. Frente al individualismo extremo que grita “¡primero yo!”, la unidad fortalece los vínculos, entrelazando los corazones en la persecución del bien común.

El segundo reclamo corresponde al respeto por la diversidad. La existencia de los pisos ecológicos y su variedad climática han generado una gran diversidad ecológica, expresada en numerosas plantas medicinales y recursos naturales. Del mismo modo, se presenta la diversidad cultural, con su variedad idiomática y las múltiples expresiones de su patrimonio inmaterial. La diversidad es el principal potenciador de los proyectos creativos entre la juventud universitaria. Si se unen a una tecnología adecuada, respetuosa de sus propios tiempos y procesos, serán los artífices de propuestas de desarrollo sostenible a futuro.

En el ámbito cultural, la diversidad exige que se atienda un tercer reclamo que se convierte en un verdadero reto para el futuro: la necesidad de construir una nueva convivencia social alejada de taras como la discriminación y el racismo, la violencia doméstica y social y la marginación. Las bases de esta renovada convivencia social se sostendrán en el respeto a las diferencias en orientaciones ideológicas y sexuales, así como a las demostraciones de fe y religiosidad, y a la libertad de expresión.

Esta nueva convivencia social debe sostenerse también en el respeto a la vida del ser humano en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte, por cuanto su finalidad es crear la unión entre los peruanos. Por ello, al estado le corresponderá proveer de medios materiales y sistemas de atención adecuados para cada situación. Nuevamente recordamos: frente al individualismo se fortalecen los vínculos que persiguen el bien común.

Otra base fundamental para la construcción de la nueva convivencia social es el rechazo tajante a cualquier tipo de violencia doméstica y social. En este sentido, tan importante es el apoyo que debe recibir una mujer atacada, como un niño o niña que sufren de abusos en su casa o en los centros escolares. Del mismo modo, la violencia social no puede recaer únicamente en medidas represivas, por el contrario, se hace necesario prever canales y medios para que los jóvenes, especialmente aquellos que tienen mayores dificultades de integración, puedan encontrar opciones que potencien su desarrollo personal.

Hoy en día existen iniciativas de este tipo, la mayoría promovidas por particulares. El reto de la nueva convivencia social está en que a esas loables iniciativas privadas se sumen otro tanto de iniciativas promovidas por el Estado en sus distintos niveles (nacional, regional, local) dirigidas específicamente a las poblaciones vulnerables y a los grupos marginales.

Por último, se plantea la demanda por la calidad, tanto en el ámbito de la gestión pública, la provisión de servicios al ciudadano, la ejecución de proyectos y obras civiles y la atención a necesidades de poblaciones vulnerables. La calidad debería también tener una dimensión más humana, de modo que una persona de calidad sea aquella que demuestra dominio en la capacidad para el diálogo horizontal, el ejercicio responsable de sus tareas y, especialmente, la competencia para desenvolverse de manera asertiva en su entorno influyéndolo positivamente. Esta demanda supone un importante componente de desarrollo personal y hasta psicológico, pues una visión de calidad rechaza la corrupción, la criollada y el compadrazgo.

En su conjunto, estos reclamos originados en la realidad cultural de nuestra sociedad son demandas que, a pesar de estas invisibles, necesita ver satisfechas la sociedad peruana. El reto está en planificar una ruta para lograrlo.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

 

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