29 Abr 2021

Un año después: ¿cómo seguir cuidando de la salud mental?

El aislamiento social prolongado ha repercutido de manera dramática en la salud mental. La psicóloga Rosa Cornejo explica cómo responde nuestro cuerpo al estrés y las estrategias a seguir para cuidarse y cuidar a otros.

Por Gabriela Hernández. 29 abril, 2021.

El aislamiento social prolongado ha repercutido de manera dramática en la salud mental. La psicóloga Rosa Cornejo explica cómo responde nuestro cuerpo al estrés y las estrategias a seguir para cuidarse y cuidar a otros.

La licenciada Rosa Cornejo, psicóloga del Policlínico Universitario de la UDEP, destaca: “las personas que antes de la pandemia experimentaron algún cuadro ansioso o depresivo han vuelto a padecerlo durante el aislamiento social, y con mayor intensidad. Del mismo modo, quienes nunca experimentaron indicios de afecciones emocionales han pasado por episodios de ansiedad y/o depresión”.

La incertidumbre, el miedo al contagio, las malas noticias y las situaciones de tristeza profunda activaron los mecanismos de defensa, que tiene nuestro organismo para gestionar episodios que identificamos como peligrosos, explica la psicóloga. Es normal que, cuando percibimos cierto peligro, automáticamente, estemos más alertas para lidiar con este. Sin embargo, agrega, “el mecanismo de defensa de nuestro cuerpo lleva más de 13 meses activo, reaccionando ante el peligro inminente que representa la pandemia”.

Es lógico, afirma la especialista, que después de tanto tiempo este mecanismo se debilite y falle. Es difícil encontrar momentos de equilibrio o de tranquilidad en los que podamos bajar la guardia, y esto repercute dramáticamente en el día a día de las personas, en sus relaciones con los demás y consigo mismas, en su trabajo, su actividad física, en su salud integral.

¿Cómo recuperar el control?

No todo episodio de estrés, angustia o ansiedad significa que se padece de una afección de salud mental, explica la psicóloga. Sin embargo, si hemos identificado que estas situaciones están ocasionando que “se pierda el control” de aspectos de la vida diaria, es necesario realizar cambios, destaca.

Generalmente, estrategias como el desarrollo de hábitos más saludables o el reconocimiento y gobierno de las emociones permiten recuperar este control de manera progresiva, resalta Rosa Cornejo. No obstante, advierte, “si estas estrategias no surten efecto y, lejos de mejorar la situación, la empeoran, es momento de acudir a un profesional”.

Primero, es necesario identificar qué está sucediendo; qué se está sintiendo y en qué momentos, así como qué aspectos de la vida están siendo afectados. Si la alimentación saludable, el descanso adecuado y el respeto a los horarios para realizar distintas actividades no se han incorporado a la rutina diaria, es momento de hacerlo, enfatiza Cornejo.

Para organizarse, destaca, “funciona muy bien dividir el día en tres partes: ocho horas para dormir por la noche, ocho horas para trabajar y/o atender obligaciones, y ocho para pasatiempos, deportes o esparcimiento”. También, es muy importante mantener contacto con amigos, familiares o conocidos a través de las herramientas digitales. “No confundamos distanciamiento social con aislamiento total”, resalta la psicóloga.

Un aspecto que no debe ignorarse, propone la especialista, es la necesidad de mantenerse activos. “El sedentarismo es un gran enemigo”. La actividad física provoca que nuestro cuerpo libere endorfinas, las famosas “hormonas de la felicidad”, que causan sensaciones placenteras y actúan como un analgésico natural, explica la psicóloga.

Cuando estas estrategias, aplicadas de manera consistente, no resultan, “estamos frente a un cuadro de salud mental que requiere atención profesional”, afirma Rosa Cornejo. Es muy importante que quienes necesiten acudir a un profesional, no se sientan avergonzados de pedir ayuda; compartir lo que les sucede, ser escuchados y orientados les ayudará a mejorar, enfatiza la especialista.

“Los profesionales calificados podrán dar un diagnóstico acertado y un tratamiento adecuado que responda a las necesidades particulares de cada paciente. No es más débil ni menos capaz quien acude a un profesional de la salud mental para tratarse de afecciones que podríamos padecer todos”, concluye Cornejo.

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