12 Ago 2015

Docente de la Facultad de Derecho obtiene el grado de Doctor

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Paolo Tejada defendió la tesis sobre los delitos culturalmente motivados, en la Universidad de Roma II “Tor Vergata”. La investigación, calificada como excelente, fue dirigida por el italiano Francesco D’Agostino.

Por Tania Elías. 12 agosto, 2015.

Paaolo Tejada Tor Vergata

La Facultad de Derecho sumó a su plana docente un doctor en Filosofía del Derecho. Con la investigación “Los delitos culturalmente motivados de los miembros de las poblaciones indígenas y nativas en Latinoamérica”, el profesor Paolo Tejada Pinto obtuvo el grado en la Università degli Studi di Roma “Tor Vergata”.

La investigación, que se inició el 2012, es un aporte al tema de la diversidad cultural y su relación con el Derecho, dijo el docente. Sobre la investigación, dijo que un delito culturalmente motivado es cometido por un miembro de una minoría étnica cultural en una ciudad o país distinto al de su propia cultura, al seguir actuando de acuerdo a sus normas culturales, religiosas o morales, contraviniendo las prohibiciones penales vigentes en ese entorno.

El docente señaló que en las sociedades multiculturales pueden originarse conflictos leves como el que surge por usar determinados símbolos o prendas de vestir con significado religioso. Muchos se solucionan a través de prácticas de acomodación cultural en las se hacen algunas concesiones recíprocas.

A estos se suman los conflictos culturales graves que son acciones delictivas de violencia especialmente contra mujeres y niños. Por ejemplo, las acusaciones contra personas de la etnia gitana que acostumbran a hacer trabajar a los menores de edad en las calles, incumpliendo el deber de enviarlos a la escuela. En algunos casos son denunciados por reducción a esclavitud pero es un tema debatido pues en su defensa alegan que actúan de acuerdo a sus normas culturales ya que es una práctica ancestral que los niños trabajen.

Casuística
Entre los casos de Latinoamérica, la tesis menciona el homicidio de brujos y chamanes en la Amazonía. “Se realizó en la creencia de que estas personas estaban haciendo daño a la comunidad y que era necesario defenderse contra ellas, en la idea de que se está actuando en legítima defensa”, manifestó.

Otros casos de la investigación tienen que ver con enfrentamientos tradicionales en el Cusco. Se menciona el Takanacuy, práctica en la que algunos pueblos de la provincia Chumbivilcas, se enfrentan en una especie de violencia purificadora para resolver conflictos personales generados en el año. También incluye el Chiaraje, un ritual guerrero que enfrenta a dos comunidades de Canas a pedradas, con hondas, pues se cree que la sangre derramada es una ofrenda a la Pachamama para lograr buena cosecha; terminada la jornada retorna la paz.

“En ambos casos, la policía ha querido intervenir pero no se ha podido porque los pobladores señalan que se trata de una tradición”, refiere Paolo Tejada. La investigación también cita casos de Colombia, Chile, Argentina y Bolivia.

Análisis
Después de la casuística se determinaron los problemas jurídicos que se presentan, entre ellos cuestiones probatorias y de política penal. Por ejemplo, la necesidad de la pericia antropológica para esclarecer los parámetros culturales y determinar en qué grado el sujeto ha sido influenciado por éstos; así como las opiniones encontradas de los penalistas al interpretar el artículo 15 del Código Penal referido al que por su cultura o costumbres comete un hecho punible.

El Dr. Tejada se refirió a los aspectos filosóficos de la investigación, entre estos si las prohibiciones del Derecho Penal tienen un origen cultural. “Es un tema que nos lleva a pensar que el Derecho Penal, más que proteger una cultura determinada, protege unos bienes humanos universales cuando hablamos de delitos que afectan directamente al hombre y es necesario reinvindicarlos, no solo porque la mayoría los ve como reprochables”, anotó el docente de Derecho.

Sugiere revisar el modo de entender el término “cultura” de manera que no se reduzca a la verificación de la existencia de una práctica ancestral. “Es preciso comprender que la cultura, conservando la contingencia y el dinamismo que le son propios, debe estar siempre orientada al desarrollo de las cualidades más altas del ser humano”, afirmó.

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