12 Ene 2021

Catalina y Miguelina dicen: ¡hasta pronto, UDEP!

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A Catalina Sosa y Miguelina Tello les ha tocado jubilarse este año. Dejan entre sus compañeras y jefes gratos recuerdos y el haber contribuido al engrandecimiento de la UDEP con su esmerado trabajo.

Por Koko Zavala. 12 enero, 2021.

Ambas fueron reconocidas por el rector de la Universidad de Piura, Antonio Abruña, en un sencillo acto cargado de sentimientos. “Este es un acto de agradecimiento por los años dedicados a la universidad; pero, ustedes siguen perteneciendo a esta gran familia y, aunque este es un momento un poco triste, también nos embarga la alegría por ese legado que dejan: haber contribuido al engrandecimiento de la universidad”.

“Podría decir en estos momentos muchas cosas de ustedes, pero la más importante es reconocer su compromiso e identificación con la UDEP como lo que son: integrantes de esta gran familia. Ahora, y en adelante, estamos seguros de que llegarán nuevos retos y grandes satisfacciones que compartirán con su familia, a quienes seguirán dándoles lo mejor de ustedes”, agregó al entregarles un presente.

A todo volumen
Tanto Catalina como Miguelina, trabajaron siempre en el Área de Limpieza de la UDEP, conformando aquel equipo madrugador encargado de dejar las instalaciones de la universidad con la pulcritud conocida por todos, incluidos los visitantes. Ahí aprendieron muchas cosas; pero, principalmente a valorar su trabajo y dar todo de sí logrando muchas satisfacciones por el deber cumplido.

Miguelina, de 65 años, llegó a la UDEP en noviembre de 1995. Siempre se caracterizó por su jovialidad y entusiasmo al momento de realizar sus tareas. Ella nos relata, a manera de anécdota: “Recuerdo que cuando estaba en el IME, realizaba mi labor con unos audífonos puestos. De repente, comencé a cantar a todo volumen sin darme cuenta de que alguien me estaba escuchando”.

“Era don Gonzalo Escajadillo quien dijo: “Señora bajé pensando que había un radio prendido a todo volumen. ¡Usted canta muy bien!, me dijo. Yo que soy morena, me puse morada por los nervios. Ahora, precisamente, al despedirse de mí me preguntó que es lo que iba a hacer, y ante mi respuesta me volvió a decir: cante señora Miguelina porque lo hace muy bien”, agrega entre risas.

“En estos momentos me voy un poco triste. Nadie es feliz cuando deja un trabajo luego de un tiempo; pero, a la vez contenta y agradecida porque con la oportunidad de pertenecer a esta gran empresa que es la UDEP, logré alcanzar muchas metas personales y familiares. Con mi esfuerzo, logré que mi hija Zelmira Barranechea Tello culmine su carrera en la Facultad de Ciencias de la Educación y realice una Maestría en Psicopedagogía.”

Resuelta y convencida sobre su futuro laboral, señala: “Aún tengo las fuerzas y experiencia para desenvolverme. Las mujeres siempre tenemos algo por hacer. Mi pasión siempre ha sido la costura. Ahora pondré en marcha algunos proyectos, como confección de bolsos, vestidos y otros que, no es por alabarme, pero me salen preciosos”.

Fe y trabajo bien hecho
Catalina también ha cumplido los 65 años. Ella llegó a la UDEP en julio de 1990. Es un tanto reservada; sin embargo, entre sus compañeras es conocida por su fortaleza y dedicación en las tareas encomendadas. De pequeña, supo de la UDEP y buscó el apoyo de Amelia Garzón, una de las jefas de esa área, en ese entonces, para trabajar aquí.

Al hablar sobre su experiencia laboral, señala “Debo agradecer que fui forjada en un ambiente de trabajo exigente, y se nos inculcaba valores y el objetivo de un trabajo bien hecho. Nos enseñaban y corregían para lograr mantener impecable nuestro centro de trabajo y, desde luego, en un ambiente de amistad y compañerismo”.

Catalina reafirma su espíritu cristiano al señalar: “El haber trabajado en la UDEP me ha ayudado demasiado. No solo para tener un sustento en mi familia, sino con apoyo emocional para superar las dificultades familiares que no faltan en los hogares. Gracias a mi trabajo, he podido fortalecer mi confianza en Dios y reconocer que desde nuestro trabajo también damos testimonio de nuestra experiencia con Él”.

“Si bien es cierto todos cumplimos una etapa, siento mucha nostalgia al dejar la UDEP, después de tantos años de servicio. Me retiro con la alegría y satisfacción de haber dado lo mejor de mí en todo este tiempo. Me voy orgullosa y agradeciendo a las autoridades de la universidad por la deferencia hacia mi persona y por la oportunidad de haber servido a mi querida universidad”.

¡Hasta pronto, Catalina y Miguelina!

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