04 Ene 2021

En las matemáticas de mi infancia, un cero a la izquierda no servía de nada. Con el tiempo, la afirmación se fue enriqueciendo de significado, pasando a ser: daría igual que no estuviera; es como si no existiera, etc. Aplicada a las personas, la expresión era equivalente a la de ser un bueno para nada, que no cuentas, ‘no me sumas’.

Con ocasión del año nuevo, y en el que bien podría haber oportuna revisión de vida de cada uno, muchos pueden tener una impresión existencial semejante: soy un cero a la izquierda, no sirvo para nada, daría igual que no estuviera… pero, esa impresión, seguramente, será más emotiva que real.

El cero, a la izquierda o a la derecha, es igualmente cero; es decir, no importa la posición, siempre será un cero. No sé qué dicen ahora las modernas matemáticas; sin embargo, en la más sencilla antropología, desprendida de prejuicios ideológicos de cualquier marca, me advierte que nadie es un cero a la izquierda, que todos contamos, cada uno en su lugar. Para eso, es muy importante que cada persona reconozca el lugar que ocupa y lo que le corresponde hacer. Siendo así, la pregunta que debemos hacernos es esta: ¿estamos suficientemente bien ubicados como para que no corramos el peligro de sacar consecuencias negativas de la propia vida?

Hemos pasado las de Quico y Caco este año que se va, sí; pero, aquí estamos dispuestos a continuar. ¿Continuar? Sí; porque no nos sirven las “nuevas normalidades”. Necesitamos sabernos hombres y mujeres iguales, y distintos a la vez, con un horizonte común.

Alguien ha comentado que debíamos celebrar estas fiestas (Navidad y Año Nuevo) “en igualdad, inclusión y respeto a las diferencias”. No sé cómo y qué se celebra de esa manera; no obstante, la experiencia cristiana que todos compartimos nos lleva a celebrar estas fiestas en fraternidad, solidaridad y caridad. Descalificar estos valores parece una actitud muy poco confiable. Más bien parece un grito de guerra.

Como cristianos, no queremos guerras ni queremos defendernos como se defendería un cero colocado en situación de desventaja para no ser pisoteado. Tenemos la obligación de recordar, especialmente a los constituidos en autoridad, que su deber consiste en respetar la realidad. El pueblo no gusta del concepto de “política pública” ya que le suena a intromisión en las libertades individuales y sociales; es preferible usar el de responsabilidad social, y asumirla.

Los cristianos nos sabemos hijos de Dios, creados varones y mujeres para la santidad personal y la paz social. Procuremos ser más asertivos y tener más autoestima en el nuevo año. ¡Feliz 2021!

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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