05 Ene 2021

Desafíos educativos en el bicentenario

Foto: Archivo UDEP.

Las personas y las sociedades tenemos historia. A menudo, evocamos lo vivido con la diversidad de sentimientos que cada experiencia implica; desde ese revivir reflexionamos y, a veces, nos comprometemos con mejores causas. Como país, el 2021 celebraremos los 200 años de independencia; y, este puede ser el momento propicio para reconocer lo bueno que es vivir en una sociedad libre y emprender acciones prioritarias a partir del bien común, que contribuyan a consolidar una sociedad auténticamente libre y más justa para todos.

Vivir en libertad implica tener condiciones para elegir (libertad de) y razones que doten de sentido a esas elecciones (libertad para). Evidentemente, no se trata de un mero libre albedrío, de hacer lo que me viene en gana, sino más bien, se trata de la posibilidad de orientarse hacia algo que nos edifique como personas. A modo de ejemplo, pensemos en la situación que viven los postulantes a educación superior: muchos se deciden por una profesión y solo un porcentaje bajo logra ser admitido. Se trata de generaciones partícipes de un sistema educativo propuesto desde instancias oficiales y, que actualmente son evaluados con un enfoque propio de cada institución de nivel superior. Esto nos lleva a unas preguntas más profundas: ¿los jóvenes están en condición de seguir una formación superior?, ¿puede un ciudadano estudiar la profesión que desee?, ¿la educación está ayudando a que cada uno forje su proyecto de vida?, ¿en qué consiste la libertad de una persona?

La libertad se conquista gradualmente: a nivel personal, con buenos hábitos; y, a nivel social, con una cultura y normas que respeten a la persona y fomenten condiciones para su desarrollo; en ese sentido; algunas tareas pendientes en la educación son:

Clarificación del fin de la educación básica; con frecuencia se reduce la idea de educar a la tarea de enseñar contenidos o desarrollar determinadas competencias –con mirada pragmática-; sin embargo, implica ayudar a crecer al otro y el otro es capaz de crecer de forma ilimitada en su dimensión inmaterial. Crece en inteligencia, pero también en afectividad, voluntad, amor y libertad. De ahí que el reto de estrategias educativas como “aprendo en casa”, además de procurar el acceso de todos al contenido, tenga el objetivo de incidir en la formación de hábitos propios de las facultades superiores, por ejemplo: abstracción, generalización, conceptualización, análisis, etc., en cuanto a la inteligencia; templanza, fortaleza, autodominio en la dimensión afectiva; prudencia y justicia para los actos de la voluntad; empatía, aceptación y donación en el ámbito del amor.

La educación es un medio para el perfeccionamiento; por tanto, plantear el fin de la educación remite en seguida a pensar en el sentido de la existencia, tarea sumamente amplia que amerita una dedicación responsable para llegar a proponer actuaciones armoniosas con la dignidad de la persona.

Desarrollar capacidades visionarias desde los escenarios del presente. Resulta harto conocida la diversidad de condiciones materiales para hacer educación en el Perú, hoy agudizadas con la crisis sanitaria; sin embargo, eso forma parte de la realidad y antes que añorar “la normalidad del pasado” debería ser el punto de partida para desarrollar capacidades idóneas al nuevo escenario; y a quien le competa: mejorar las condiciones materiales que hagan falta -por razones de justicia y equidad-.

A diferencia del año 2020, esta vez se conocen más los problemas y, en consecuencia, se debería optar por una capacitación que permita transformarlos en oportunidades. El profesorado puede organizar estrategias de formación colaborativas y trabajo en equipo que den lugar a sinergias al momento de enfrentar las particularidades del contexto escolar.

Cultivar ideales para una sociedad más justa. Resulta importante contar con ideales que impregnen la actuación educativa; si bien la educación tiene una función formativa y procura ser integral, urge hacer énfasis en la anticipación a los problemas sociales como: corrupción, búsqueda desmedida del poder, manipulación, individualismo y conformismo. El desarrollo humano es viable con el cultivo de virtudes como la honestidad, la vocación de servicio, el pensamiento crítico; y de acciones como: la alfabetización científica, la apertura a los otros y el compromiso con un proyecto de vida que acreciente la intimidad personal y trascienda en bien de los otros.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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