04 Ene 2021

Foto: Archivo UDEP.

A través de la historia, hemos leído sobre muchos sacrificios, entregas y sufrimientos, todos movidos por ese gran motor que es el amor. Esta terrible etapa de pandemia, que nos has tocado vivir, no ha sido la excepción. Ha estado y está llena de historias de entrega total de padres de familia, hijos, médicos, enfermeras, policías y sociedad en general. Hemos visto en la televisión historias de padres de familia, doctores, enfermeras y de todas las profesiones que a pesar de no tener que trabajar (por su edad o su situación de riesgo) decidieron ir a cumplir su deber y murieron al contagiarse de coronavirus.

Sin embargo, tenemos familiares, amigos o algún ser querido que no valora el amor que sentimos y les damos en todas las formas posibles y no lo retribuyen o nos pagan mal. La psicóloga y escritora española Valeria Sabater explica que esto también se da en las separaciones de parejas quienes no solo experimentan el dolor por la falta del ser amado, sino también sienten una pérdida de energía y de aliento vital.

La neurociencia nos explica por qué actuamos como actuamos en esto del amor. Lo primero que conviene recordar es que el cerebro humano no está preparado para la pérdida, nos supera, nos inmoviliza y nos enclaustra durante un tiempo en el palacio del sufrimiento. Estamos programados genéticamente para conectar entre nosotros y para construir lazos emocionales con los que sentirnos seguros, con los cuales edificar un proyecto. Es así como hemos sobrevivido como especie, “conectando”, de ahí que una pérdida, una separación e incluso un simple malentendido hacen que salte al instante la señal de alarma en nuestro cerebro.

Sabater sostiene que todos nosotros somos un delicado y caótico compendio de historias pasadas, de emociones vividas, de amarguras soterradas y miedos camuflados y que ningún fracaso emocional debe vetarnos nuestra oportunidad de ser felices de nuevo. Digamos “no” a ser esclavos del pasado y eternos cautivos del sufrimiento. Asimismo, nos dice que nunca debemos arrepentirnos de haber amado y habernos arriesgado a un todo o nada por esa persona. Son esos actos los que nos dignifican, los que nos hacen seres humanos y maravillosos a la vez.

Vivir es amar y amar es dar sentido a nuestras vidas a través de todas las cosas que hacemos: nuestro trabajo, nuestras aficiones, nuestras relaciones personales y afectivas. Si renunciamos a amar o nos arrepentimos por haberlo ofrecido, renunciamos también a la parte más hermosa de nosotros mismos. ¡El amor es maravilloso y poderoso!

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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