Foto: ANDINA,

Cuando pensamos en un análisis económico, se nos viene a la cabeza la oferta y la demanda. Sin embargo, más importante aún puede ser entender las interacciones entre estas dos fuerzas. Un primer concepto clave aquí es el emparejamiento entre los agentes económicos involucrados: solo se logra un contrato si dos personas logran consiguen alinear sus incentivos para alcanzar un beneficio para ambos. Y, otro concepto clave es la externalidad, o cómo lo acordado entre las partes puede beneficiar o perjudicar a un tercero no involucrado.

Si bien estos conceptos parecen muy abstractos, están presentes en la mayoría de nuestras decisiones diarias. Cuando escuchamos música a todo volumen en nuestra casa generamos una externalidad negativa en nuestros vecinos. O cuando decidimos ver un programa de televisión, luego de revisar exhaustivamente la programación, existe un emparejamiento entre lo ofrecido por el programa y nuestros gustos.

Estos dos conceptos son claves en el diseño de políticas públicas porque nos permiten entender cómo se deben alinear los incentivos de las personas; así como a determinar cuáles son los beneficios, o costos, totales de una decisión.

Por ejemplo, en temas de salud pública, las personas solo tienden a pensar en sus beneficios y costos personales cuando deciden si deben usar la mascarilla o aplicarse la vacuna. Sin embargo, en realidad al no acatar estas medidas generan una externalidad en las otras personas, al dificultar el control de la pandemia. Por lo tanto, se vuelven necesarias las campañas de comunicación que informan de los riesgos para toda la sociedad del accionar de cada persona.

Por otro lado, en el mundo laboral podemos observar la importancia de entender el emparejamiento entre los agentes. A menudo se piensa que, si una ley aumenta por decreto los beneficios de los trabajadores de un sector, automáticamente mejorará su situación.

Pero, en realidad, este cambio solo será efectivo si las empresas aún pueden contratar bajo las nuevas condiciones. Si esto no se tomó en cuenta, lo más probable es que la ley acabe perjudicando a los trabajadores.

En un mundo ideal, ni las externalidades ni el emparejamiento representan un problema porque cada uno consigue lo suyo de manera óptima. Pero, la vida real está llena de situaciones en las cuales estos dos conceptos toman relevancia.

Por ello, si una reforma no interioriza los incentivos de los involucrados ni sus costos totales para la sociedad, así tenga las mejores intenciones, lo más probable es que no logre su objetivo.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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