23 Feb

Crisis moral en medio de la pandemia

A la pandemia y a la crisis económica, política y social se ha sumado una crisis ética y falta de moral que, como el COVID, nos asfixia y nos deja más desprotegidos. El cuidado de muchos peruanos de primera línea está siendo arrasado no solo por las carencias en salud, sino por un desprecio a la vida humana de quienes ostentan un cargo público.

El caso “vacunagate” desnuda de cuerpo entero una oscura clase de autoridades y funcionarios públicos que olvidaron su deber de “servir y no servirse” del cargo para privilegios y beneficio personal, asimismo, los tentáculos de la corrupción alcanzan a profesionales y empresarios del sector privado allegados a las esferas de poder.

El abuso cometido pone en juego la vida de miles de personas al haber malversado bienes públicos que tienen un valor social. ¿Es que la vida de los peruanos no vale nada? ¿Se puede privar de la protección de la salud a quienes más lo requieren? Esta crisis sume a la ciudadanía en indignación, impotencia, frustración, tristeza, así como en una desconfianza generalizada.

La corrupción ha penetrado todos los niveles del Estado y la sociedad civil. Concusión, uso indebido del poder, aprovechamiento indebido del cargo, negociación incompatible son algunos de los delitos tipificados y, lo que es peor, sin que ni siquiera los protagonistas se den cuenta de la gravedad del asunto y salgan con explicaciones que rayan con lo ridículo.

Como ciudadanos, nos toca reaccionar ante este duro golpe y que los gremios de salud, la contraloría, la defensoría y la población organizada vigilen y denuncien si en las regiones se está dando la llamada “vacunación clandestina”. En Piura ya empezaron a denunciarse más de quince casos de presuntas irregularidades que incluyen a trabajadores vacunados sin ser de primera línea, o por ser familiares de autoridades. Que todos estos casos se investiguen hasta establecer responsabilidades y sanciones, y reciban también una condena social.

Tenemos que plantearnos, en todos los estamentos de la sociedad, una reconstrucción moral, una vuelta a la antropología, a la ética, a la formación en valores que nos permite discernir entre lo bueno y lo malo; entre el egoísmo y aprovechamiento personal versus el bien común; erradicar la doble moral y el incumplimiento de leyes y normas.

Nos queda no sucumbir, en medio de nuestra frustración, a un voto irresponsable este 11 de abril: nunca más nuestro voto a candidatos corruptos. Nos corresponde elegir bien, por quienes tienen un comportamiento sincero y verdadero y valores éticos para gobernarnos; difícil tarea, pero solo así veremos una luz de esperanza al final del túnel y la posibilidad de construir el nuevo país que todos queremos.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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